Propuestas vs ideas

Se escucha frecuentemente que la campaña de un candidato debe tener propuestas e ideas. Pero yo creo que éstas son cosas bien diferentes. La propuesta es una una acción concreta que se promete. Las ideas constituyen una visión global del candidato, su concepción del mundo, su ideología. Algunos candidatos se centran en las propuestas, otros en la ideología.

La propuesta no es más que la conclusión final de una idea, el momento en el que una idea se consume en la acción. Una vez realizada esa propuesta se debe acudir de nuevo a las ideas, a la concepción que se tiene del mundo, para realizar nuevas propuestas.

Se nos dijo siempre que hay que votar propuestas. Y entonces a algún candidato se le ha ocurrido subirse a ese fetichismo y hacer un estudio de las preocupaciones y esperanzas de la gente, y para cada una de éstas realizar una propuesta. Es fácil entonces prometer policías a los inseguros, comida a los hambrientos, calor a los que tienen frío. Basta con cubrir todas las aspiraciones de la mayoría de la población para tener entonces una campaña política perfecta.

Alguien me dirá: “Bueno, pero después tendrá que cumplirlas”. No, no es así. Porque debido a la formulación de las propuestas se entiende que su cumplimiento no es de verificación trivial, y entonces… simplemente se olvidan. Se promete que habrá más de algo que es un concepto indefinido y abstracto, como seguridad, limpieza, educación, etc. Bastará con dar la impresión de estar trabajando en eso. Y ni siquiera. Esto es lo que hizo Macri.

Por ejemplo propone:

Rediseñar el tránsito vehicular y renovar el transporte público mejorando la calidad y frecuencia de colectivos y subtes.

Eso es todo. No dice cómo, no podría. La propuesta fue armada por publicistas. No les podemos pedir a los publicistas que conozcan sobre los problemas de que la ciudad no controle a los colectivos ni subtes (lo hace la nación) y una evaluación de cuáles son realmente los problemas y cuáles son los cursos de acción posibles.

¿Qué pasa uno o dos años después de haber elegido a un candidato? ¿Importan esas propuestas entre las cuales quizá alguna trasmutó en el nombre elegante de algún plan? ¿O importa la honestidad, la visión del mundo, la opinión sobre cuáles son las prioridades?

Hace un tiempo Lanata, inspirado por esta pavada del “votar propuestas” hizo algo que mostró el razonamiento tonto y falaz que implica. Hizo votar a la gente por candidatos ocultos, exponiendo solamente sus propuestas. A Menem le fue bien. Como en una demostración matemática por reducción al absurdo debemos revisar cuál de las premisas es errónea. Y la premisa errónea es pensar que las propuestas pueden dar una idea de la integridad, de la filosofía y de la historia de un candidato.

Va a haber miles de cuestiones en las que el candiato, si gana, tendrá que usar su visión del mundo, sus ideas. Una cola larga de problemas se le formará en la puerta y a cada uno tendrá que darle una solución. Esa cadena de pequeñas respuestas es lo que realmente formará la gestión. Claro que esa gestión cotidiana permanece en la mayor parte oculta, y no es posible decir nada de antemano que garantice que la dirección que tome será la que uno espera. Entonces, al votar, uno tiene que juzgar la matriz de la que nacerán esas ideas. Esa matriz es la ideología, la visión del mundo y de los demás que tiene ese candidato.

Pero bueno, ya es tarde. En algunos barrios paquetes de Buenos Aires está listo el champagne.

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