De nada

En un momento de la vida uno aprende algo de matemática, de lógica, de programación… y después anda por ahí tratando de aplicar esa manera de pensar al resto del mundo. Y un caso en el que fallamos es el idioma, que muchas veces no sigue la lógica que nos gustaría. Un ejemplo de esto es la palabra nada.

Si nos atenemos a lo que dice la lógica formal, un operador de negación aplicado dos veces se cancelaría. “No quiero nada” parecería que debiera significar que no queremos el vacío, que queremos algo. Mientras que la gente normal se reune en un café y habla de fútbol, puede uno imaginarse un grupo de compañeros trabajadores de la computación debatiendo estas cosas.

¡Ya no más! Yo tengo la respuesta: Parece ser que originalmente la palabra nada tenía un significado positivo, no negativo. Esta palabra vendría de nacido, es decir que sería un sinónimo de la palabra algo. Y ahí la cosa se empieza a parecer al caso de la palabra any del inglés (there isn’t any). Como con el tiempo la palabra sobrevivió solamente en este uso, asumió esa negatividad como significado, pero sin deshacerse de la forma estructural en la que aparece (y que se nos antoja contradictoria).

Igualmente saber esto no implica que uno debiera aprenderse como le va a Boca, deben haber otros temas antes que caer en eso.

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