El sueño de los medios

Hasta ahora vivimos en el sueño de los medios. El sueño de Clarín y otros, que nos diseñaron una historia, una realidad.  En esa historia ellos no existen. Nunca influyeron en la política y son un reservorio de moral y honestidad.  Y estamos tan acostumbrados a ese universo, en el que su dios se autoexcluye, que cuando nos quieren convencer de la influencia de los medios decimos: “¿Cómo?  ¿Influencia de los medios en la política?  ¡Si yo vivo en un mundo en el que son reservorio de moral y honestidad?” Y sacamos y mostramos como prueba ese mismo mundo que los medios nos construyeron para que vivamos en él.  Y nada sabemos de los negocios de Magnetto, de las cuentas en el exterior de su grupo y de Ernestina Herrera de Noble.  De hecho ni siquiera sabíamos nada de él: no hay relación entre lo poco que conocemos de este Yabrán de la comunicación y su influencia en nuestra sociedad.  Nada supimos tampoco del lento y brutal avance sobre las empresas de medios de todo el país, que fueron devoradas por los monopolios por mecanismos no siempre santos.  No se dijo demasiado del papel de Papel Prensa, de las concesiones que los poderosos le fueron dando al Gran Grupo a cambio de un buenos papeles en el sueño. Las oposiciones y acercamientos entre Clarín y Alfonsín, Clarín y Menem, Clarín y De La Rúa, Clarín y Duhalde, y ahora Clarín y los Kirchner.

La realidad tiene entonces la consistencia de una novela en la que días antes de su publicación le exigen al autor borrar todas las escenas en las que aparece un personaje. ¿Qué queda? Y entonces, como una de esas películas con giro brusco al final que te hace reensamblar pedazos de realidad en una nueva trama, deberemos repensar nuestra historia ahora tomando en cuenta a este actor “ausente”.

Y por eso el sueño de los que están algo más despiertos es que despertemos, y veamos cómo es la realidad.  Como fue, como vino siendo.  Que una nueva ley nos de una nueva luz que alumbre a los políticos, a su corrupción y a sus aciertos.  Que la multiplicidad de ojos cancele la borrachera en la que hasta ahora tuvimos que vivir.

La nueva ley de medios audiovisuales

Las sociedades se manejan con sobreentendidos. Sería demasiado trabajoso estar empezando de cero en cada encontronazo con otro. Por eso, simplemente damos por sentado que los presentes en la sala “pensamos lo que hay que pensar”. Esas opiniones compartidas se convierten entonces en lo que conocemos como “sentido común”.

Una vez que una idea entra en el “sentido común” está más allá de las “defensas” que tenemos frente a las ideas externas. Esta idea entró ya en el área restringida, la zona de embarque de los aeropuertos, detrás de los chequeos de pasaporte. Esto quiere decir que no se la cuestiona, ni siquiera a veces se la puede ver. Lo “damos por sentado”.

Y es por eso que todo publicista se babea por meter su mensaje en nuestro “sentido común”.

El sentido común hoy día de la mayoría de la clase media dice, acerca del gobierno actual, que es una especie de monstruo corrompido como hubo pocos que en un ansia desaforado de poder y dinero arrasa con todo lo bueno, lindo y patriótico que queda en nuestra Argentina. El gobierno arrasará los campos y matará los pajaritos, si te tiende la mano, escupísela, porque es malo, malo, malo…

¿Es así? No, no es así. ¿Este gobierno es excelente? No, tiene muchas falencias y puntos oscuros. Hay fundadas sospechas de que está arreglado con ciertos sectores (ej: minería), y se acumulan algunos oscuros casos de enriquecimiento y arbitrariedades. Y sí, esta ley es para pelearle al grupo Clarín pero… ¿no es lógico que una ley anti-monopolio se pelee con el mayor monopolio? ¿no ese el síntoma de que sirve, de que tiene efecto? Y además… ¿qué poder es más efímero? ¿el de un presidente circunstancial o el de Clarín? Es probable que el kirchnerismo no gane en el 2011. Y dónde van a quedar todas las pancartas denunciando autoritarismo el día después de esa elección? ¿qué va a pasar con el grito “chavismo! chavismo!” cuando con la mirada perdida vean que el kirchnerismo ya-no-es? Y en ese momento… ¿qué quedará de la “Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”? La ley. El texto frío de una ley, que será parte de un mecanismo de estado que seguirá funcionando, sobre los hombros de jueces, funcionarios y políticos, gente de otros partidos, con otras visiones y con otros enemigos.

¿Y por qué es este el momento, si parece que todo está en llamas? Porque esta es una ley que sólo puede salir en un momento así. Sólo cuando sectores dominantes se pelean entre sí pueden asomar reglas que ponen límites a esos sectores. Hace algún tiempo, cuando Clarín era amigo del gobierno, no hubiera salido esta ley, así como tampoco saldrá en un hipotético gobierno de un opositor clarinista de la primera hora.

Por estas razones y varias más, sería bueno dejar a un lado el rechazo automático. Ese sentido común que hace al hacernos anticipar un rechazo, nos condiciona a pensar sobre la senda segura de lo “que todos saben”. Y entonces será bueno analizar si, como sociedad, nos conviene o no esta nueva ley de medios. Algunas de las razones por las cuáles creo que sí nos conviene las puse en una página con información sobre la ley de servicios de comunicación audiovisual.