Qué título trillado para una nota de blog. Quizá porque desde los 80 a esta parte la palabra “democrático” se empezó a usar para cualquier cosa que parezca justa y buena. Es así como decimos “qué poco democrático que sos” ante situaciones de lo más variadas. Pero algo hay en esto, algo hay en la idea de que se “es democrático” y no sólo “se vive en democracia”.
La democracia es un sistema naturalmente débil. En el sentido de que es un sistema que depende de una tregua en la sociedad. Es similar al vivir desarmados. ¿Por qué podemos caminar sin armas? Justamente porque todos consentimos en dejar a las armas de lado, a no llevarlas, a no usarlas. Pero sería muy posible destruir ese equilibrio, si suficiente gente decide hacerlo.
La democracia es similar, requiere de nosotros que estemos con las defensas bajas, que discutamos, que nos permitamos escuchar al otro.
Todo esto parece muy teórico y volado, pero no lo es. Llevado a lo concreto podemos ver muchísimas actitudes antidemocráticas en nuestros políticos. Una actitud antidemocrática es invalidar al otro en la discusión. Por ejemplo el decir de Carrió sobre Kirchner “es el mal, y al mal se lo combate”. Violencia política (término contrabandeado del pasado para mentir sobre el presente) es también tener ese tipo de discurso, uno que excluye de plano la posibilidad de charlar con el otro. Tirar comparaciones con Hitler, Mussolini, etc. Hoy Carrió está a la derecha de Macri.
En Estados Unidos tienen muy claro el concepto de bipartisanship, descubrí esto siguiendo los debates previos a la elección de Obama. Esta idea es simplemente el ideal de una política en la que no se pongan por delante los intereses del partido. Es muy importante que ellos tengan una palabra para describir esto. Hace posible darle al concepto una eficacia política, hace posible que los políticos se tiren con esa palabra, se acusen mutuamente de no respetar el ideal de bipartisanship. La gente en general tiene una carga positiva asociada a esa palabra. Nosotros no tenemos una forma fácil de referirnos a este concepto, no tenemos esta palabra, por eso empezamos de más atrás en el debate, empezamos de cosas que estarían en un nivel más… epistemológico.
Hoy políticos opositores se jactan de rechazar un proyecto sin leerlo, hasta dicen que no hay que caer en la trampa de debatir el contenido. El prestigio del concepto de bipartisanship haría que en Estados Unidos sea imposible admitir esto. Y sí, darán vueltas, evitarán, alargarán, pero admitir que no se quiere ni tocar un proyecto porque viene del adversario jamás…
Lo mismo se aplica a la reacción que tuvo la oposición Pro/UCR al criticar a la oposición de centroizquierda diciendo que son oficialistas… por apoyar un proyecto del adversario! Esto es terrible, porque vuelve lo que dije antes directamente en regla. la premisa implícita es que es definición de opositor… oponerse a todo a libro cerrado.
Otra de esas actitudes (aunque todas convergen en lo mismo) es no convalidar cuando el otro cede. En política democrática la cosa es una mezcla de avances y concesiones, el toma y daca. Es antidemocrático castigar y atacar al que cede, porque conspira contra uno de estos dos movimientos fundamentales. Se convierte el aceptar una propuesta del otro en una vergüenza, en un signo de debilidad. Y extrañamente, en la situación actual, son los mismos comunicadores y políticos que reclaman “un país en serio”, un país civilizado. Ejemplos de esta actitud son fáciles de encontrar en la historia reciente.
Todo esto no es antidemocrático porque sea golpista, o malvado… lo es simplemente porque es objetivamente opuesto al tipo de actitudes que necesita una democracia.
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