Semáforos represores

Quizá un día camine por la facultad y de repente se me cruce un tipo, quizá me mire a los ojos con mirada seria y comprometida y me entregue un volante que diga esto:

En el mundo reina un orden aparentemente natural, aparentemente deseado por todos y aparentemente en función de un bien común. Pero ese orden es parte de una gran mentira, y acá venimos a desmistificar de una vez por todas a uno de los dispositivos nefastos que contribuye a construir la jaula en la que vivimos. Se va a acabar la dictadura de los semáforos. Estos dispositivos de poder que, bajo la apariencia de una absoluta imparcialidad, contribuyen a reproducir un orden injusto. Ya que no puede haber subórdenes justos cuando el orden principal es injusto, ergo: todo orden es injusto!

El semáforo divide el tiempo de paso en partes iguales, pero esa igualdad se monta sobre una desigualdad anterior y fundamental… ¿acaso todos tenemos el mismo apuro? Un semáforo social debería dar cuenta de aquella máxima de “de cada quien según sus posibilidades y a cada quien según su necesidad”. Porque para el burgués, su detención ante el semáforo mientras éste se dirige panchamente a su comida en “las cañitas”, o a algún torneo de polo, no es más que una breve extensión temporal de su simple paseo dominguero. Para un proletario que vende su fuerza laboral, su tiempo de trabajo, en el mercado, el tiempo es un equivalente de valor, y de un valor que en otros rincones del circuito capitalista emerge transformado en plusvalía. ¡Así que el semáforo nos extrae la plusvalía!

Debemos luchar por un mundo en el que todos aceleremos con placer, dando por tierra con aquello de “donde termina el auto de uno en un choque, empieza el auto del que se cruzó”. Dando por tierra ese concepto de libertad en la que el otro es sólo alguien con el que potencialmente nos estrellaremos.

Y por eso te convocamos para que marches con nosotros, caminando por el medio de las avenidas, vulnerando las restricciones semaforarias, mientras agitamos banderas rojas, y verdes, y de nuevo rojas; mientras los automovilistas nos observan, uniforme e igualitariamente detenidos ante nuestro paso!

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1 comment to Semáforos represores

  • ¡Si, eso!
    ¡Y el cordón impone un orden de división entre la calle y la vereda, y las paredes dividen los edificios de la calle y las calles dividen unas manzanas de otras!
    Ah, no, che, creo que no se aplica bien a otras cosas.
    Ni siquiera estoy seguro de que se aplique a los semáforos.

    En general los semáforos están mal implementados: Faltan en esquinas con muchos accidentes, estorban en lugares donde nunca pasaría nada, hacen más lento el tránsito y generan embotellamientos, están mal sincronizados, interactúan de formas imprevisibles con las barreras de tren, las bajadas de las autopistas y los conductores imprevisibles.
    Los semáforos se hacen necesarios para subsanar los problemas de los autos. La gente caminando también choca pero es difícil que mate a nadie, en cambio los autos son muy rápidos y a veces no hay forma de frenarlos.
    Creo que, con la tecnología actual, es posible que los autos tengan detectores de proximidad que frenen automáticamente cuando detecten un posible choque. Pensalo, ¡La mayoría de los semáforos serían superfluos!
    Aunque sólo los autos más caros podrían tener ese tipo de seguridad y eso le daría a los ricos la jactancia de ser incapaces de matar a nadie directamente, mientras los negritos se la pasan matando gente al conducir ebrios.

    ¡Aguante la familia vial!

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