Chistes de judíos

Vivir en una sociedad es más que amanecer cada día en un mismo distrito geográfico. Es compartir un ser colectivo, formas de pensar y de sentir que están más allá de nuestro alcance consciente y que a veces llamamos con el impreciso nombre de “sentido común”. Y a veces ese sentido común puede tener ciertos componentes claramente reprobables, como antisemitismo, machismo, etc. Pero como la imposición de ese sentido es total, no nos pregunta antes si somos parte de ese grupo discriminado.

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Sobre la reforma política

Se acaba de aprobar la ya muy comentada “reforma política”. Como casi todo en los últimos tiempos, la etiquetita del título reemplaza en la discusión por completo al contenido de la norma: todos hablan sin saber nada. Acá van algunas pocas impresiones, a ojo, a priori, con alfileres de gancho, sobre la nueva ley.

Claramente la ley no es tan viciada y nefasta como algunos andan gritando por ahí. Una cosa que se repite hasta el hartazgo es que esto fortalece el bipartidismo. Yo no lo veo tan así. Me cuesta pensar que alguien que no logró arrastrar un 1,5% de votos en la interna pueda de golpe llegar al 40% necesario, y el umbral de existencia del 0,4% del padrón, sin el cuál no se permite la existencia como partido, tampoco parece muy alto. En todo caso, quizá pase lo contrario: Quizá esta ley obligue a partidos ínfimos a unirse… ¿sería posible ver un partido unificado de la izquierda marxista, y que dependan de la interna para decidir quién encabeza? Hoy no lo parecería, pero si eso se vuelve condición para la existencia… habrá que ver.

Otra crítica es eso de que todos voten en las internas de todos. No sé si está tan mal. En una interna cerrada votan algunos pocos miles de afiliados, no grandes masas. Y cuando esos pocos afiliados ponen a un tipo en frente del partido más importante, esos pocos tipos casi eligieron al presidente. Ya que cualquiera votaría en la interna de cualquier partido, se aduce que las mareas de gente provenientes de otros partidos, podrían intentar torcer el rumbo del partido. La posibilidad está, pero creo que hay que notar que está menguada por varias cosas: Al ser el voto en las internas obligatorio los números serán grandes, lo que hace menos relevante a ese tipo de manipulaciones. Sólo se podrá votar en una sola interna. Y con eso, el hecho de que si alguien no consigue un 1,5% en las internas no pueda presentarse en la general haría que los que apoyen a partidos chicos se deban concentrar en hacer llegar a su partido a ese piso, en vez de intentar intervenir en la elección de otro.

Esto último sí podría ser un peligro, en verdad, para los partidos chicos. ¿No es mucho más interesante, por más que uno quiera votar al Proyecto Sur de Pino Solanas, participar en la interna del peronismo? ¿Que pasa si casi todos los que votarían a Pino eligen participar en esa otra contienda entre monstruos peronistas, mucho más vistosa y probablemente mucho más publicitada por los medios? Y la cosa se agrava si se piensa que los partidos chicos por lo general tienen “liderazgos naturales” y no presentarían más de un candidato a esa interna. O sea que los partidos chicos deberían hacer una fuerte campaña para lograr ese voto, aparentemente tonto, a la lista única, para poder superar ese piso del 1,5%.

Con respecto a los partidos grandes, la norma los refuerza, pero no impropiamente. No sé si es buena la crítica que se queja de que se le está dando más importancia a instituciones completamente desprestigiadas como los partidos. Quizá al reforzarlos, se jueguen ahí cosas más importantes y dejen de ser algunos simples estructuras “en alquiler” para ser usados por el candidato mediático de turno. Además, la política y vida partidarias deben ser las formas en las que aparece un candidato, porque la otra opción es el millonario aventurero, o el mediático.

El que se presenta a una interna si pierde se queda afuera. No puede presentarse por otro partido. Ese corset podría tener efectos interesantes.  ¿Es probable ver a De Narváez,  Solá, Duhalde encolumnados detrás de un Néstor Kirchner candidato? ¿Es imaginable lo opuesto? ¿Haría finalmente quebrar al peronismo en dos, uno de izquierda y otro de derecha? Eso alguna vez va a pasar, sino ahora en 5, 10, 15 años. La fuerza integradora que es el simbolito, el escudito se diluye con las décadas y en algún momento pesará más la fuerte diferencia ideológica que hay al interior del partido. ¿Será esta ley el catalizador que apure ese proceso? Sería bueno que pase, sería un sinceramiento piola.

Veremos qué pasa…

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