Sin ser abogado creo detectar un error que se repite en la concepción de “la ley” que tiene mucha gente. No es función de la ley, y más en temas como estos, mandar cómo debe ser la sociedad. Su función, me parece, es recoger lo que la sociedad ya es y pulirlo, y darle un marco para resguardarnos de lo imprevisto, para que dentro de esas relaciones humanas—que ya existen—aparezcan lo menos posible los abusos. Por ejemplo, algunos amigos se juntan para llevar adelante un negocio, y establecen más o menos cómo repartirse el dinero y cómo manejar la empresa. La legislación ya capturó algunas formas estándares de hacer esto, y las codificó en distintas formas legales, por ejemplo la “cooperativa”. El que estén codificados en la ley los roles, obligaciones y derechos protege a todos los que participan, y hace que el estado cumpla una función que le es principal: tener el monopolio en el ejercicio de la violencia, que implica entre otras cosas imponerse como intermediario en la mayor cantidad de conflictos entre individuos.
Salvo en algunos casos muy puntuales en los que la ley crea realidades, por lo general la realidad va primero, y la ley la sigue y se adapta. Cuando la realidad no encuentra los moldes correctos en los marcos legales, la realidad se tuerce, se distorsiona, se derrama en el vacío normativo, en el vacío legal.
Entonces, el efecto de negarse a una ley que trata de ponerse a tono con nuevas realidades, no contrarresta esas realidades. Sólo logra negarlas, no verlas cerrando los ojos. Y cuando esas realidades son personas, se niega a esas personas. No es cierto el argumento de que el matrimonio en la ley fue creado para una función, por ejemplo, para reproducir la población… sencillamente porque la población se reproduciría sin la ayuda de ningún marco legal, porque el matrimonio existió primero en la simple voluntad de la gente de meterse en relaciones duraderas y asumiendo compromisos. Podría no haber ninguna ley de matrimonio, ni homosexual ni heterosexual, y apuesto a que la sociedad seguiría creciendo.
Todo esto también se aplica al debate sobre la despenalización del aborto, porque es claro que lo que la existencia o no de esa posibilidad lo único que decide es dónde suceden los abortos, qué precio tienen, y quiénes mueren… no si el aborto se realiza.
Los que están en contra a veces argumentan apelando al orden, dicen que habilitar en la ley explícitamente al matrimonio gay sería una violación al orden (según La Nación, violaría el “orden público matrimonial argentino”). Todo lo contrario, hoy hay toda una masa de la población que entra en situaciones a las que la ley no llega, toda esa gente vive fuera de la protección de la ley, y esa es la anomia, la falta de orden. Adecuar la ley a la realidad permite que más realidad sea cubierta por ley, y que más personas se beneficien del orden.
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Ley de medios
Muy bueno.
La situacion se parese un poco a la del debate sobre el divorcio: la iglesia estaba en contra, como si alguien no se separara porque no habia una ley que le diera permiso.
Muy bueno el sitio.
Saludos!