Un tipo rebelde

Algunos creen que ser no convencional es usar un pantalón de franela que parece un pijama. O jactarse de un par de adicciones presentes o pasadas. Pavonean una abstracta independencia de algún nebuloso sistema global, del capitalismo, o de algún país lejano pero importante en las lejanas relaciones entre lejanos países e intereses. Claro que en lo cercano están completamente alineados a las costumbres de su entorno. Y fuman mansamente el tabaco de las multinacionales (rebeldía aprendida en publicidad de TV). Dicen sostener ideologías que te hablan de la universalidad del amor y la felicidad, mientras hacen favores a otros con tu plata y ejercen un reparto local de mezquindad y chusmerío. Hablan del amor libre y universal, mientras acosan a alguna señorita con aplomo de plomo.

No hablo de todos, no debe tomarse esto como un insulto de cualquiera que use un morral. Hablo de algunos que quizá sean una minoría, pero que siendo contraejemplo prueban la inexistencia de la posibilidad de forzar el ser un buen tipo a través de vestirse como uno. Y muestra quizá como el “esnobismo” es una categoría traicionera, que a veces se posa disimuladamente sobre quienes la esgrimen contra otros.

Construyen una imagen de sí mismos tan arquetípica que es como si fueran a una casa de disfraces en el centro y dijeran “jefe, quiero vestirme como un tipo hippón y cool”. Y son fuertes ejecutores del mantenimiento de esa disciplina de vestuario, juzgando a la gente y encasillándola según usen tal o cual estilo de remeras, o según el barrio en el que vivan. No toman así nomás la ropa que la realidad les pone a la mano. No: construyen una vestimenta cuidadosamente. Con el mismo cuidado que un joven—para ellos “cheto”—de Palermo descuida cuidadosamente su pelo.

Conviene tener también, si la vamos a hacer completa, un desprecio por la ciencia y una admiración por la espiritualidad de cualquier conocimiento berreta como la astrología o la homeopatía. Espiritualidad es cualquier cosa que haga parecer innecesario todo eso que no estudiaron o no entendieron.

Hay que tener un montón de posiciones progres, muchas de las cuales están realmente buenas. Lo malo es que compran el paquete turístico entero, y también visitan entonces esas provincias improbables del pensamiento progresista facilongo. Se violentan si se pretende discutir cualquiera de sus posturas, no las pueden fundamentar por lo general. De hecho están complemtamente incapacitados para discutir con un “facho”, o siquiera con un tipo normal. Estos tipos, de clase media, dictaminan el error y la maldad de la misma clase a la que pertenecen.

Rechazan al verdaderamente excéntrico, o al verdaderamente libre. Antes de aprobar un acto loco de un desconocido, algo que no saben todavía como encuadrarlo, miran bien a los costados a ver qué dicen sus pares. Si no encuentran esa respuesta, por las dudas rechazan, se enojan. En algún
momento subsiguiente, para liberarse de la ofuscación, encienden sus auriculares que les hablan de libertad, y del coraje de ser independientes y abiertos.