Ya vencimos al kirchnerismo

Ya hace 2 años que vencimos al matrimonio tirano y ya estamos en pleno proceso de recuperación de la república y de las instituciones.  Claro que le pedimos a la población que colabore con el esfuerzo de recuperar al país.  El ajuste de shock que se hizo para contener el gasto público, está dando sus primeros frutos: ya es muy poca la ocupación de hoteles en la costa durante los veranos y los comerciantes se ven obligados a mantener los precios en valores bajos ante la falta de clientes.  La demanda de alimentos bajó, por lo que los precios de los alimentos también resultaron contenidos.  Gracias a dios una familia promedio hoy consume menos leche y pan que durante el período nefasto de los K.

La inversiones comienzan a regresar, al notar que hoy la Argentina es un lugar en donde el capital vuelve a ser un ciudadano de primera, con todos sus derechos protegidos.  El grupo Clarín, flamante propietario de Telefonicom se dispone a invertir millones en las nuevas redes de televisión digital, que distribuirán los contenidos exclusivos a sus suscriptores pagos.  El poderoso grupo, que enorgullece a la patria con su poder, fue conformado luego de la absorción de la parte argentina de Telefónica por Telecom, y de la posterior compra por parte del grupo liderado por el Sr.  Héctor Magnetto).

La ley de medios K es sólo un recuerdo, y la televisión que produce, maneja y distribuye el grupo Clarín-Telefonicom ofrece una señal de calidad, exactamente igual a todos los pueblos del país, sin discriminación por culturas locales, o preferencias de cantantes regionales.  Todos pueden ahora acceder a la programación completa generada en los estudios capitalinos, en una demostración de verdadero federalismo. La desaparición de algunas decenas de productoras de capital y de las provincias se espera sea compensada con la generación de varios puestos de trabajo en un par de megaprogramas con mucha agua, moretones y Marley.

Aprendimos nuestro rol como país, asumimos el rol que nos corresponde (como debe hacer cualquier nación seria).  No nos merecemos comer lomo, ni varios otros cortes selectos que deben exportarse.  Las industrias que habían renacido durante el kirchnerismo asumieron su inviabilidad, y están en proceso de reconvertirse en simpatiquísimos microemprendimientos, entre los que podemos destacar remiserías VIP y unidades de reciclamiento de productos de celulosa.  Si bien esas industrias empleaban a la mayor parte del país, no podía continuar el uso de la descamación, de las limaduras de la renta extraordinaria de la soja para financiarlas.

Y se acabó el palabrerío. Están en marcha las nuevas políticas activas de seguridad, según las cuales intervenimos en la dinámica interactiva posesión-desposesión, logrando multitud de adjetivos abstractos tales como seguridad y previsibilidad, con un bajísimo número mensual de masacres y, lamentables, accidentes.

Y aquí estamos como país. Hicimos lo que nos pide la gente, lo que nos pide el mundo, y esperamos ya que volvemos a ser dignos de merecer.  Esperamos que las inversiones externas se vean seducidas por nuestra sensual seguridad jurídica y nos tomen, inviertan hasta desbordar la copa de la abundancia que para que de ésta caiga la riqueza a los más necesitados. Y así, unidos y en consenso, podamos reinsertarnos en el mundo.

Basta de “sionismo”

Basta de utilizar la palabra sionismo. Confunde más de lo que aporta. No tiene sentido, la palabra fue vaciada de él. Casi nadie de los que se acercan al fogón de la crítica a la situación de medio oriente sabe demasiado bien lo que significa. Y eso hace que se escuchen cosas complemente idiotas como “abajo el estado sionista de Israel”.

Sionismo sólo quiere decir estar a favor de la existencia de Israel. Sionismo es sólo el nombre que tiene el patriotismo de ese país. Es algo raro, porque el patriotismo de otros países no tiene nombre, se dice simplemente “patriotismo”. En Israel tuvo que ser diferente porque ese patriotismo precedió, por mucho, el establecimiento del estado. Sionismo era una palabra que tenía pleno sentido antes de la conformación de Israel, y que ahora cuelga de la realidad, medio en desuso, medio mal usada.

Y cuanto más seguimos profundizando en el significado real, más lejos está la palabra de describir lo que los que la usan creen que describe. El sionismo no fue un movimiento de derecha, de hecho tuvo mucho de izquierda y gran parte de la colonización fue hecha mediante el establecimiento de colonias socialistas (kibutz). Un segundo punto: El sionismo no fue tampoco un movimiento religioso, ni sus impulsores fueron judíos religiosos, hasta fueron… ateos! De hecho, los más ortodoxos respecto de las tradiciones judías rechazaron la idea de la existencia de Israel. Esa existencia estaba reservada para cuando llegara el “mesías”. Estos dos puntos desarman algunas de los usos más ignorantes de la palabra sionismo.

Si uno quiere criticar a Israel, lo puede hacer. Simplemente criticándolo, como se critica a cualquier país. Añadir la palabra “sionista” tiene el efecto de que lo que se está diciendo es que se está a favor de la destrucción de ese país. Es evidente para cualquiera que conozca un poco de la historia de los acontecimientos que la única solución es la coexistencia de dos estados, uno de mayoría árabe y otro de mayoría judía. Cualquier movimiento que impulse la destrucción de uno de estos dos estados, es portador de una postura de máxima, que sólo traerá más y más guerra. Muchos de los que revolean la palabra “sionista” no son conscientes de la consigna que están gritando.

Hundiendo más toda posibilidad de uso razonable de esta palabra en la crítica a Israel, los grupos antisemitas clásicos, como por ejemplo los neonazis, adoptaron completamente la palabra sionista. Uno de ellos, el desaparecido intento de partido de Alejandro Biondini, llegó al punto de hacer una operación de “búsqueda y reemplazo” automática a través de su propaganda racista cambiando solamente la palabra “judío” por “sionista”. Cualquiera lo puede verificar con un poco de tiempo usando el excelente sitio www.archive.org. Sionista, para estos grupos, es solamente un sinónimo de judío. Y esto se ve cuando repiten las mismas teorías polvorientas, pero ahora cambiadas (ej: “los medios del mundo en poder de los sionistas”).

Muchas de las críticas, legítimas, que se pueden hacer a Israel, se pueden hacer igual. El mismo contenido. Pero mejor usar palabras precisas, mejor usar  un bisturí certero y afilado, y no un cuchillo oxidado, manoseado, deforme, que no tenemos claro dónde corta y qué daña.

Periodismo comprometido

Es interesante ver que la palabra comprometido permita dar dos significados diferentes y opuestos a la oración que titula este artículo. El obvio, el más directo, es el de un periodismo interesado en la política, en los fines, que se la juega, que se arriesga. El otro sentido, que en inglés es el único (sería “compromised journalism”) nos habla de un periodismo que ha sido, como sistema, intervenido desde otros intereses, un periodismo al que le ha sido violentada alguna línea de defensa que lo separaría, un poco, de los poderes fácticos.

Un eje para decidir quién pertenece a cuáles de estas divisiones es ver si reman a favor o en contra de esos poderes, lo que se suele traducir en la práctica en si lo hacen a favor o en contra de sus propios intereses materiales. Por ahí pasó también el eje en una de los últimos roces: Víctor Hugo no pudo soportar que le digan que ser un escriba al servicio de la oposición, en sintonía con Clarín y La Nación, es hoy “jugarse el pellejo”, es decir, ser un periodista comprometido (en el buen sentido). Cualquiera puede apreciar que no se puede comparar a un Luis Majul con un Víctor Hugo, el segundo goza, en situaciones naturales, de un mucho mayor prestigio. El que los mediocres vapuleen a los capaces desde situaciones de poder es propio de los regímenes en dónde un poder irresistible es el que elije, y no el mérito. En la película Persépolis se muestra esta inversión cuando el que antes era un ignorante don nadie que limpiaba las ventanas, les rechaza la posibilidad de salvar al abuelo mediante un viaje al exterior. En la Argentina vemos a lo mediocres ajusticiando y mandoneando a los honestos y capaces. Vemos a los periodistas reconocidos fracasar en sus proyectos, ser echados de sus espacios, ser desplazados, mientras los Majules y Hadad construyen productoras, canales, poder.

Se viene la aplicación de una nueva ley de medios. De tanto militar  por la sanción primero y por la aplicación después, nos acostumbramos a pensar a la nueva ley como una tierra prometida de la comunicación, en la que la democracia y la comunicación plural florecerán espontáneamente. Y hay que ver si es así… ¿podrá la nueva ley descomprometer y comprometer a los medios? ¿Podrá sanearse un poco el campo mediático y periodístico de modo de que le vaya moderadamente bien a los buenos y mal a los malos?