Pensamientos sobre la aprobación del matrimonio gay

ACTUALIZACIÓN: En otro artículo desarrollo que, a pesar de que el matrimonio gay parezca no existir en un país el matrimonio gay ya existe. Ahí reflexiono de forma más genérica sobre el tema.

Algunos pensamientos surtidos respecto de la aprobación de la ley que modifica el matrimonio civil y lo extiende a toda la población más allá de su orientación sexual. No sé si valen la pena, pero los escribo, queseyó. Acá van:

No parece que haya habido demasiada militancia gay detrás de esta ley, más allá de los que suelen participar activamente en las organizaciones.  Digo esto porque creo que… ¡se debería haber podido juntar mucha más gente!  Me parece impensable que haya gente que pertenezca a la comunidad gay y haya ignorado por completo el tema., o que no hayan ido a las marchas.  ¿Cómo serán los lazos entre la dirigencia de esta comunidad y “sus bases”?  ¿Deberán hacer acciones de difusión entre ellos para promover la política de la lucha por derechos?

Está claro que había que ir por la opción de máxima: el matrimonio con todos los derechos.  A la reacción le gusta jugar con arcos móviles: si parecían encolumnados detrás de la unión civil, era solamente porque servía como señuelo para bloquear la ley.  Si se hubiera luchado por la unión civil no hubiera habido menos oposición.  El verdadero objetivo es detener todo cambio: en donde hay educación religiosa obligatoria indignarse de que se la remueva, pero en donde sólo hay escuelas religiosas voluntarias, indignarse de la injerencia del estado en planes de estudio.  En cada lugar y tiempo la posición de la Iglesia se ajusta como un guante al grado de progreso de la sociedad.  Una deducción de esto es que no da resultados consensuar con ellos.

El gran perdedor es el cardenal Bergoglio. El presidente de la Conferencia Episcopal, es decir, de la Iglesia argentina tenía cierta aura de moderado, de cura de bordes redondeados.  Sus propias declaraciones, la violenta oposición a esta ley, su alineamiento al discurso más reaccionario deja su nombre manchado.  Tanto que incluso senadores que votaron en contra de la igualdad de derechos buscaron despegarse del religioso.

También creo que la marcha de los “naranjitas” organizada por la Iglesia, no fue un éxito.  Si pensamos que esa marcha fue el máximo esfuerzo de toda la estructura de la Iglesia, si pensamos que es la culminación de una guerra santa, no podemos calificar de éxito el haber juntado algunas pocas decenas de miles.  Creo que en otros tiempos si la Iglesia ponía, como pasó, toda su estructura, sus escuelas, universidades, organizaciones, al servicio de crear una convocatoria multitudinaria, convocaba mucha más gente.  Es una impresión.

No hubo espacio de discutir realmente la norma y de tranquilamente pensar exhaustivamente las consecuencias (que deberán ser tratadas en sucesivas leyes).  Esto es por la tremenda polarización que hubo, que hace más sensato hacer todo lo posible para hacer entrar la ley (que es lo difícil) y dejar las correcciones para después. Lo mismo pasó cuando se trató la ley de medios. Cuando uno avanza bajo una lluvia de cascotazos mejor apurar el paso y llegar a un techito como sea.

El Frente para la Victoria, que uno querría ver apoyando en bloque la ley, mostró en cambio algunos senadores de posturas impresentables.  Esto demuestra que no hay que denostar tanto a la identidad “progresista”.  El kirchnerismo es un progresismo que nada en una pecera de peronismo, y estas circunstancias descubrimos que se colaron varios peronistas no progresistas.  Creo que esto muestra que es necesaria una identidad realmente progresista, como sí la tiene el partido de Sabbatella, que parece ser más kirchnerista que el FpV.