El giro de Macri

La postura liberal y ortodoxa en cuanto a la economía es lícita y defendible (lo que no quiere decir que sea cierta, o conveniente). No hay nada de malo en intentar demostrar con números tus ideas acerca de la conveniencia de ir a un megaajuste de jubilaciones, subsidios y emisión monetaria. Es una postura que merece ser defendida por los que la sostienen, para que esa postura tenga una oportunidad en la arena política.

Macri, sin embargo, elige otro camino. En vez de defender lo que realmente piensa él y todo su sector, se metio a dar un giro inesperado que lo obliga a estar defendiendo que él no es lo que realmente es. Con todas las de perder.

¿Es tonto Macri? ¿Por qué hace esto? No, no es tonto. Evidentemente evaluó la situación y decidió que el costo de abrir este inmenso flanco al ataque es menor que la dificultad de convencer a una mayoría de los argentinos de sus ideas originales. Macri se da cuenta de que es totalmente imposible que alguien que defienda las ideas que él defiende sea elegido como presidente. Se da cuenta Macri de que él, si es fiel a quién es, es el candidato equivocado de la oposición, de que es un candidato artificial, sostenido por razones que no tienen que ver con la sintonía de sus ideas con las de una mayoría capaz de llevarlo a la presidencia.

¿Por qué la política “no K” llegó a esta encerrona?

Se ha dicho bastante que el hecho de que el principal contrincante K sea Macri fue parte de un diseño, de un plan, proveniente del mismísimo Néstor Kirchner. El plan sería tener en frente a un candidato puro que, entonces, no compita por las mismas bases, hasta por los mismos referentes, y al mismo tiempo sea incapaz de alcanzar el consenso de las mayorías.

No es la única explicación posible. También pareciera que la configuración del espacio político dio lugar a que el lote correspondiente a una “centroizquierda no K” sea un espacio de arenas movedizas en el que todo lo que se intenta construir colapsa y se hunde. Hay varias razones que se pueden imaginar para decir esto, por ejemplo la falta de espacios para comunicar ideas que no sean o K o complacientes con los grandes medios.

Vamos, parece, a elegir entre dos camaleones, claro. Pero Scioli vino dando su giro ideológico a lo largo de toda una década y está rodeado de intelectuales y referentes que están orientados en ese sentido, mientras que el giro de Macri es un acto teatral desesperado, en medio de acompañantes que no saben si abuchear o mirar en silencio de ojos desorbitados. No hace falta decir quién está quedando mejor parado.

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