Para entender por qué se lo cuestiona a Abel Albino

¿De qué se lo acusa?

Abel Albino tiene una muy reconocida trayectoria ayudando a los más pobres. Muchos podemos coincidir en que su historia y entrega es admirable. Sin embargo recientemente se difundieron algunos detalles que nos dejan preocupados a muchos: Una concepción ultrarreligiosa de la desnutrición y de los problemas de la sociedad y, para muchos, perjudicial.

Abel Albino escribió pocos libros. Eso remarca aun más el hecho de que todo un libro suyo llamado “Gobernar es poblar”, que supuestamente habla de la desnutrición, sea un largo lamento por la baja moral y la sexualidad “desviada”. Albino cuenta en ese libro, publicado en 2010, que…

“toda solución verdadera [de la desnutrición] debe abocarse científicamente a revertir las desviaciones sexuales suscitadas por la falta de la educación, lo cual se hace presente especialmente en los sectores marginados en los que el ejercicio de la sexualidad, muy frecuentemente, se desarrolla de modo promiscuo y animal.”

No dejemos de de recordar que el doctor Albino está hablando de la desnutrición.

Albino dedica mucho de su libro a despotricar contra lo que él llama “placer sin responsabilidad”. Denuncia el uso de cualquier mecanismo anticonceptivo casi como un crimen. Albino explica: “lo que intento evitar es que se propaguen las repartijas gratuitas de anticonceptivos, las que además de constituir un desperdicio irresponsable e inútil del poco dinero con el que actualmente cuenta la salud pública, agravan los males sanitarios de los indigentes”. ¿Saben qué cosas agravan los males sanitarios? El SIDA, las ETS. Sin embargo Albino señala en su libro que el preservativo “fracasa como mínimo el 36% de los casos” (lo que es falso). Pero entonces ¿qué respuesta tiene Albino? Bueno… La castidad. Y para eso es necesario, explica, combatir las siguientes conductas (la lista es textual): Impudor, promiscuidad, pornografía, autoerotismo, incesto, sexo contra natura, violación, pedofilia, anticoncepción, aborto, infidelidad, concubinato. Y prescribe: “para vivir la castidad y contrarrestar el autoerotismo” lo siguiente: “Alimentarse moderadamente. Tener cuidado con lo desbordes en las bebidas. […] No escuchas música de alto decibeles”.

¿Se lo persigue por ser católico? ¿No estamos en democracia?

La mayoría de los líderes del país y muchos de los que lo cuestionan son también católicos. Ese es un tema privado. Nos preocupa lo que se hace en políticas públicas.

¡Pero X se muestra admirador del Papa y nadie dice nada! ¡Avisenle que el Papa debe pensar así!

La gran mayoría de los que admiran al Papa lo hace porque concuerdan con su preocupación por la pobreza, o se identifican con su estilo o espiritualidad. Esa admiración no implica coincidir con su moral sexual o pensar que se le debe encargar a la Iglesia el diseño de políticas públicas en salud y educación. ¿Cuántos de los que admiran al Papa al mismo tiempo utilizan métodos anticonceptivos?

Vos lo decís porque el político X se opone al político Y y Albino está ahora con X

Es un tema que debe ser discutido con independencia de las cuestiones políticas actuales. Exponer las ideas que mueven a Albino debería servir, también, para que los políticos piensen dos veces antes comprometerse con ideas tan obsoletas. Y además hay que tener claro que una cosa es tener relaciones cordiales con una fundación privada, y otra muy diferente es elevar lo que hace esa fundación al status de acción del Estado.
Se lo llama para luchar contra la desnutrición, no para otra cosa. ¿Qué importan sus ideas sobre el sexo?

El libro intenta abordar el problema de la desnutrición, pero lo que termina haciendo es divagar en un 70% de su extensión sobre sexo. El libro menciona varias veces a CONIN, su fundación, y explica que está hablando de la filosofía que se sigue en sus centros. Si estuviéramos hurgando en el pensamiento íntimo de un futuro candidato a presidente del BCRA, sería lógico levantarse indignado y quejarse de que eso no tiene nada que ver. Lo que alguien piense sobre qué es moral y qué no no tiene ninguna relevancia a la hora de ser presidente de un banco central. Sin embargo el texto de Albino es un plan para la acción en este tema, justo, de la desnutrición infantil.

Actualmente un candidato a presidente promete, si es elegido, crear para Albino un ente autárquico, darle fondos públicos y ponerlo así a trabajar en nombre del Estado. Con la filosofía que él quiera. ¿Cómo no ir a buscar qué escribió él para explicar esa filosofía?

¡Pero él va a luchar contra el hambre, y nada más!

Ya vimos todas estas ideas horribles de Albino él las aplica en el “cómo” de esa lucha. Y además, cuando alguien abre centros para luchar contra el hambre en sectores marginados de la sociedad está construyendo redes territoriales. Está creando una estructura de asistencia, de educación. Está creando un punto de referencia para todo un sector de la población. ¿Qué va a hacer Albino cuando se le acerque una mujer golpeada? ¿Le dirá que es su culpa por vivir en el pecado del concubinato? ¿Le hablará de su baja moral al usar anticonceptivos? ¿Qué consejos podrán darse a los jóvenes en centros como ese? Por cada plato de sopa… ¿cuánto daño que no vemos se producirá gracias a arbitrarias ideas religiosas impuestas con fondos públicos?

Si vamos a invertir en la lucha contra la desnutrición… ¿no nos conviene darle el dinero a alguien que no nos avise que su lucha pasa, en parte, por combatir contra la masturbación y el concubinato?

El sentido del cacerolazo

El 8 de noviembre pasado hubo una protesta de un importante sector de la clase media. A diferencia de otras protestas que son el resultado de una convocatoria orgánica, vinculada a un sujeto político claro con demandas conocidas, el cacerolazo parece ser un objeto más opaco organizado alrededor de algunas consignas y eslóganes. Más allá del (no demasiado útil) debate de si es organizado o espontáneo, sí se puede decir que es una protesta en la que el sentido individual es muy relevante. ¿Por qué fue cada uno? ¿Qué esperan con eso? Y es incorrecto decir que la gente no sabía para que estaba, que no le daba un sentido a esa protesta.

Para preguntar sobre este sentido fui al cacerolazo y generé (con la ayuda de @Smowing que me ayudó con la cámara) los siguientes testimonios:

Gran parte de la protesta estuvo formada por gente con alguna inconsistencia en sus ideas, que rechazan la política, que creen que no deben hacer política y que no la están haciendo incluso cuando están ahí en pleno cacerolazo. Entre testimonios que recogí se puede ver gente que exige poder no saber de qué se trata, exigen que “se les resuelvan los problemas”, o gente que no puede explicar con hechos ciertos por qué se opone a determinadas medidas, o que argumenta utilizando datos objetivamente falsos. Lo que queda es una base formada por una sensación de hastío frente a la percibida corrupción del gobierno, o a un auge de la criminalidad (descripta siempre como “inseguridad”).

En cuanto a los militantes políticos, y gente bien informada… ¿cómo se interpreta que no tengan problema en coexistir con ideas tan dispares y hasta opuestas?  ¿Son todos ciegos y tontos que no se dan cuenta de lo que hacen?  No.  Pareciera que tienen la esperanza de que la fuerza del cacerolazo sirva primero para derrumbar, o esmerilar, al kirchnerismo y (es importante la secuencia temporal) luego para que se impongan sus ideas.  Esperan que el caos producido genere alguna especie de caldo de cultivo del que pueda surgir algo, aunque ese algo no sea necesariamente lo que otros caceroleros quieren.  No, cada uno supone que se pude direccionar el resultado del proceso hacia sus propios sueños e ideales.

Vemos así una suerte de entrismo múltiple, desde todos lados, en el que diferentes sectores (y personas sueltas) esperan orientar y
capitalizar la marcha. Es así como, entonces, pudimos ver una columna de Biondini, la participación del MST, del extremismo libertario. O podemos encontrar a quien te habla de Julio López y de Monsanto, en una marcha en la que visiblemente hay muchos a quienes Echecolatz no les cae demasiado mal y hay defensores del campo sojero. Un entrismo ingenuo, torpe.

Un ejemplo de esta esperanza tonta de aprovechar la protesta la vemos en un foro nazi. Primero, en la discusión, alguien hace la siguiente evaluación pesimista sobre la marcha

Los organizadores son parte de la misma mierda. Hay 2 que son del PRO, y también vi una mina con un cartel que decía Macri y Bergman 2015 recién. Insisto en que los nacionalistas no les debería emocionar esto en lo absoluto, todos cantoreaban canciones como “Queremos verdadera democracia” “Fuera dictadura” y demás, estos que fueron al cacerolazo no nos representan.

¿Queremos democracia? Qué espanto… Sin embargo, alguien contesta (y luego todos concuerdan)

Bien, lo que suponíamos.

Pero bueno … mientras contribuya a la caída todo bien.

Después a esos giles los vamos a enjaular a todos, o los mandamos a laburar a Ushuaia.

Y uno de los que concuerdan precisa la idea:

Estoy de acuerdo. En otros tiempos los liberales usaron al nacionalismo para llegar al poder. Hoy es hora de que el nacionalismo se aproveche de ellos para lograr el final de los K y de toda la mierda partidocrática.

Este sector estuvo representado, por ejemplo en la presencia de Biondini con su partido.

Del otro lado, el partido MST encuentra que la protesta es de izquierda, y sube a Internet entrevistas prolijamente curadas para que lo sea, y un mensaje que denuncia “actores políticos oportunistas que intentan montarse”. El cacerolazo no deja de generar contradicciones.

Estos intentos, cuando no son formas de lograr alguna visibilidad, comparten una ingenuidad enorme: hay otros actores con mucha más fuerza que buscarán capitalizar la protesta, y cuyos objetivos son mucho menos sofisticados, mucho más concretos.

Cartel repartido por un grupo de 30 personas por la Av. Santa Fe

El actor más interesado en darle un sentido claro a la protesta es el grupo Clarín. Y acá ya no hablamos de sueños e ideales.  El grupo mediático está urgido por inminente desenlace de la trama alrededor del artículo 161. La Corte Suprema estableció que el 7 de diciembre deja de tener efecto la medida cautelar que evita que se apliquen los artículos de la ley que lo obligan a desinvertir. Es necesario que la protesta sea sobre “la justicia” y en reclamo de una “justicia independiente”. Para eso se repartieron carteles que decían “justicia independiente”. Casualmente, cuando Lanata quiso explicar el sentido de la protesta eligió hacer referencia a estos mismos carteles. Si hipotetizamos que fue el grupo Clarín el que, quizá indirectamente, los repartió, tenemos un gran ejemplo de como la manipulación cierra el círculo entre la opinión de “la gente” y los intereses de algunas corporaciones.

Esta “aparateada” continuará, Lanata hará ahora un programa sobre la “justicia independiente” y algunos están fogoneando un nuevo cacerolazo el 6 de diciembre. Algún observador perezoso puede creer que el cacerolero es automáticamnte un defensor de Clarín. No es así. Los testimonios que se recogen en la misma marcha lo desmienten. Son varios los que te dicen que ellos no apoyan a ningún monopolio, y hasta que la ley de medios es buena y se debería cumplir. Alguno recuerda que el mismo Lanata la defendía bien animadamente. Es un dato interesante para el kirchnerismo, que debe comprender que no le es útil demonizar al que protesta y, ciegamente, tacharlo como defensor de clarín (aunque sí se pueda argumentar que está siendo usado para esa defensa).

El grupo Clarín no tiene tiempo para esta diversidad y estas dudas de tibios. Necesita juntar y concentrar tropa bajo su defensa, por eso en las próximas semanas seguirá intentando establecer que el cacerolazo es suyo, que la defensa de Clarín es la defensa del último bastión de resistencia ante el avance de la dictadura, como ya nos lo explicaba Carrió: “¿No entendió todavía? Clarín es la última resistencia, es como un muro. Si cae Clarín, después caemos todos.” Las manos están arriba, vamos a ver qué carteles logran ponerles.

No soy de derecha

¿Pero no apoyaste a los propietarios del campo?

Sí, pero yo estaba preocupado particularmente por los sojeros que tenían menos hectáreas. No soy de derecha.

Ah, pero… ¿no te alineaste con los empresarios que querían defender sus abusos de posición dominante en medios?

Bueno, pero es que era obvio que el gobierno quería avanzar sobre la libertad de expresión.

¿Y quién te lo dijo eso?

Los empresarios que se perjudicaban con la ley. Además, tienen derechos adquiridos: O sea que si ellos ya vienen controlando toda la comunicación en Argentina por un tiempo, tienen derecho a seguir haciéndolo.  ¿Entendés?  ¡Adquiridos!  Pero eso no quiere decir que no sea un progresista.  ¡No soy de derecha!

¿Pero no te oponés a los planes sociales?

¡Desde ya que sí! En la vida cada cual tiene lo que se merece. Si sos pobre es porque elegiste eso… Vivir de arriba, de los planes, de las ayudas… Ah… ¡cómo envidio a los que viven en la más absoluta miseria y desesperación! Pero ojo: yo banco al pobre honesto, ese que trabaja 12 horas sin quejarse, sin agua, sin salir de su taller clandestino o del campo de su patrón. Lo banco, eso es nobleza. Me pongo de su lado en no quejarse jamás y adoptar una vida más allá de lo material, plena de valores espirituales. No soy de derecha.

Pero si escuchás hablar de “derechos humanos” hacés una mueca…

Es que mucho derechos humanos pero.. ¿y nosotros? nos matan como a perros.  ¿Cómo alguien puede decir derechos humanos mientras exista por lo menos un muerto a manos de la delincuencia?  Son ellos o nosotros, y ellos no pensarán dos veces antes de perseguirnos, y acuchillarnos apenas nos ven.  Por eso hay que verlos primero, buscarlos donde estén y meterlos en cárceles.  Pero no para que la pasen bien..  ¡Por Dios!  Que sufran, porque para eso están en las cárceles!  Para que se les aplique una tortura continua y para que vivan en una constante arbitrariedad.  Eso les va a enseñar a querernos, a respetarnos.  O no, no importa.  Total lo importante es que no salgan nunca.  Los tenemos ahí, guardados, torturados, total se lo merecen porque la mayoría de ellos cometió un crimen.  Y si está por equivocación seguro al salir, como nadie le va a dar trabajo, lo va a cometer.  Entonces estuvo bien que haya estado preso, retroactivamente, porque quizás no se lo agarra de nuevo…  ¿entendés? Porque yo soy progresista, pero para ser progresista tengo que poder vivir seguro, protegido por, si es necesario, paramilitares armados… ¿entendés? Pero yo no soy de derecha.

No, che… tenés razón. Perdoná, me confundí.

La homeopatía

Lo alternativo tiene su atractivo. Eso de que, claro, “si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”. Y no una historia cualquiera, olvidada y obsoleta sino “la verdadera historia, quien quiera oir que oiga!”. Y si a eso sumamos cierta desconfianza de la modernidad, obtenemos un buen clima para una medicina antigua, ancestral, que la ciencia ha querido callar y… ¿por qué? ¿por qué oscuros intereses?

Sin embargo, lamentablemente la homeopatía no merece nuestro respeto. Como la religión, es algo que mucha gente puede defender sólo porque la desconoce. Y llena las lagunas en ese conocimiento con un optimismo infundado. Un claro ejemplo de este mecanismo es el hecho de que casi todos crean que la homeopatía es una medicina basada en el uso de hierbas, o que tiene alguna cuestión natural entre sus principios. Nada más alejado, ya que todos los remedios homeopáticos son siempre venenos o tóxicos diluidos, bueno: casi.

¿Cómo venenos diluidos? ¿Acaso no tiene la homeopatía una explicación relacionada con.. con… la… energía?

No. Ese es un ropaje “new age” que se le pegó después. Cuestiones de marketing. La cosa es que la homeopatía es una técnica médica creada antes de la aparición de la ciencia médica moderna. Es el pensamiento mágico y simplón aplicado a la medicina.

La cosa es así: Se descubrieron las vacunas. Como supongo todos saben, las vacunas clásicas funcionan inyectando en el paciente el mismo agente que causa la enfermedad, pero atontado. Es para esas enfermedades que uno no vuelve a tener, ya que generan inmunidad. El plan es entonces enfermarse muy levemente, pero lo suficiente como para que quedemos inmunizados. Eso explica por qué después de muchas vacunas nos puede venir un poco de fiebre: son los síntomas de esa leve enfermedad provocada que dará paso a la inmunidad buscada.

Claro que cuando esto se descubrió no existía el conocimiento para explicarlo. No se sabía demasiado… de bacterias, anticuerpos, etc. Y a alguno se le ocurrió llevar esa lógica de pensar más allá y decir: “ajá, lo igual cura lo igual”. Cualquier cosa que administremos atontada, funciona como remedio para aquello que provoca. Si tenemos sueño, tomemos cafeína diluida. La resaca? Y.. seguro la curamos con alcohol diluido. Uh! Estamos creando remedios homeopáticos! Sigamos: ¿Hinchazón en las manos? No sé… tendríamos que buscar alguna sustancia que provoque hinchazón en las manos, diluirla y ese sería el remedio. Bueno, justamente eso es lo que hizo el creador de la homeopatía. Le suministró a tipos sanos las sustancias venenosas más espantosas, para luego anotar qué síntomas les provocaba. Un amor!

Algunos remedios homeopáticos: Para irritación de ojos, resfriados…. extracto de cebolla, pero claro, lo vamos a llamar “allium cepa”, su nombre científico. El mercurio ataca y destruye el sistema nervioso (los mineros de la América conquistada terminaban sus vidas incapacitados por el uso de este metal en la minería). El síntoma de que el sistema nervioso no camina es en este caso temblores, cuestiones cerebrales. Así que seguro en cantidades diluidas cura cosas… obvio… ¿no? Onda.. la tos, y la falta de memoria.

¿Te damos mercurio?

Casi. Lo dicho anteriormente no era suficientemente ridículo. No, no sólo hay que diluir el patógeno elegido, sino que hay que hacerlo hasta el ridículo con un proceso llamado “sucusión”. Un nombre elegante para “agitar con fuerza”. Se le ocurrió al creador de la homeopatía que cuanto más diluida estaba la sustancia, más poderoso sería el medicamento. Entonces se usan en la homeopatía diluciones del orden de 10100, es decir un uno con 100 ceros. ¿No será demasiado? ¿Podemos saber si queda algo de sustancia en algo tan diluido? Antes no se podía, hoy podemos. En esa época no se conocía cómo era la materia. Hoy se sabe que las sustancias están hechas de átomos, y se sabe qué tamaño tienen. Una manera de expresar ese tamaño es pensado que, por ejemplo, en 32 gramos de azufre hay 6,0222 × 1023 átomos. Es decir: un 6 seguido de 23 ceros. Si ponemos una cantidad similar a 32 g en un vaso de agua y lo diluimos uno en 10100… quedarían en el vaso 6×10-77 átomos… (el número se escribiría poniendo “0,” seguido de 76 ceros, seguido de un “6”). Es decir que en promedio necesitaríamos 1.66×1076 vasos para tener un átomo de azufre. Eso es más que todos los granos de arena de todo el planeta, elevados al cubo. O mejor dicho: Es altamente improbable que haya en todo el vaso de “medicamento” un solo átomo de la sustancia de la que supuestamente esperamos algún efecto. Es millones y millones de veces más probable ganar el Quini-6 que haya la más pequeña fracción posible de sustancia en el medicamento.

Cualquiera hubiera pensado que, descubierto esto, la suerte de la homeopatía estaría echada y pasaría a formar parte de la historia. No! No mientras haya clientes y negocio! Para eso inventaron una idea revolucionaria: El agua del vaso recuerda que alguna vez contuvo la sustancia. Es increíblemente absurdo. Hay que imaginar que si el agua “retiene la memoria” de que contuvo ese azufre… más va a retener la memoria de cualquier sustancia en la que estuvo infinitesimalmente en contacto en toda su ancestral historia: restos de detergente, sales. La misma saliva del que toma… ¿no borra esa memoria al estar en infinita mayor cantidad que el supuesto medicamento?

¿Alguien pudo probar que la homeopatía funciona? No, y no sólo eso… hay un premio de 1.000.000 de dólares ofrecido a cualquiera que pruebe que cualquier remedio homeopático funciona.

¡Pero hay gente que se cura! El médico homeopático hace una larga entrevista al paciente. Muchas veces el sentirse escuchado y atendido hace que la persona mejore. Hay estudios que muestran que esto sucede.

¡Pero los homeópatas son médicos! En Argentina los homeópatas son casi todos médicos. Pero no hay ningún conflicto en esto. Una persona puede ser médico y creer en la astrología. La homeopatía es algo tan estrambótico que camina por lugares completamente diferentes a los que transitó la carrera del médico. Un médico podrá ser un ingenuo creyente, o un activo estafador, no importa: no hace a la homeopatía más cierta.

En conclusión, una práctica que hace siglos tenía mucha lógica, basada en el “sentido común”, fue acorralada través de los siglos y retrocediendo y retrocediendo se terminó encaramando en un último refugio de sentido místico. Hoy el creyente de la homeopatía tiene que ignorar lo que la homeopatía es o, si lo sabe, defender que a pesar de que no se le halló ninguna eficacia, a pesar de que no hay remedio en el medicamento, a pesar de todo de alguna manera mágica: cura.

Periodismo comprometido

Es interesante ver que la palabra comprometido permita dar dos significados diferentes y opuestos a la oración que titula este artículo. El obvio, el más directo, es el de un periodismo interesado en la política, en los fines, que se la juega, que se arriesga. El otro sentido, que en inglés es el único (sería “compromised journalism”) nos habla de un periodismo que ha sido, como sistema, intervenido desde otros intereses, un periodismo al que le ha sido violentada alguna línea de defensa que lo separaría, un poco, de los poderes fácticos.

Un eje para decidir quién pertenece a cuáles de estas divisiones es ver si reman a favor o en contra de esos poderes, lo que se suele traducir en la práctica en si lo hacen a favor o en contra de sus propios intereses materiales. Por ahí pasó también el eje en una de los últimos roces: Víctor Hugo no pudo soportar que le digan que ser un escriba al servicio de la oposición, en sintonía con Clarín y La Nación, es hoy “jugarse el pellejo”, es decir, ser un periodista comprometido (en el buen sentido). Cualquiera puede apreciar que no se puede comparar a un Luis Majul con un Víctor Hugo, el segundo goza, en situaciones naturales, de un mucho mayor prestigio. El que los mediocres vapuleen a los capaces desde situaciones de poder es propio de los regímenes en dónde un poder irresistible es el que elije, y no el mérito. En la película Persépolis se muestra esta inversión cuando el que antes era un ignorante don nadie que limpiaba las ventanas, les rechaza la posibilidad de salvar al abuelo mediante un viaje al exterior. En la Argentina vemos a lo mediocres ajusticiando y mandoneando a los honestos y capaces. Vemos a los periodistas reconocidos fracasar en sus proyectos, ser echados de sus espacios, ser desplazados, mientras los Majules y Hadad construyen productoras, canales, poder.

Se viene la aplicación de una nueva ley de medios. De tanto militar  por la sanción primero y por la aplicación después, nos acostumbramos a pensar a la nueva ley como una tierra prometida de la comunicación, en la que la democracia y la comunicación plural florecerán espontáneamente. Y hay que ver si es así… ¿podrá la nueva ley descomprometer y comprometer a los medios? ¿Podrá sanearse un poco el campo mediático y periodístico de modo de que le vaya moderadamente bien a los buenos y mal a los malos?

Un tipo rebelde

Algunos creen que ser no convencional es usar un pantalón de franela que parece un pijama. O jactarse de un par de adicciones presentes o pasadas. Pavonean una abstracta independencia de algún nebuloso sistema global, del capitalismo, o de algún país lejano pero importante en las lejanas relaciones entre lejanos países e intereses. Claro que en lo cercano están completamente alineados a las costumbres de su entorno. Y fuman mansamente el tabaco de las multinacionales (rebeldía aprendida en publicidad de TV). Dicen sostener ideologías que te hablan de la universalidad del amor y la felicidad, mientras hacen favores a otros con tu plata y ejercen un reparto local de mezquindad y chusmerío. Hablan del amor libre y universal, mientras acosan a alguna señorita con aplomo de plomo.

No hablo de todos, no debe tomarse esto como un insulto de cualquiera que use un morral. Hablo de algunos que quizá sean una minoría, pero que siendo contraejemplo prueban la inexistencia de la posibilidad de forzar el ser un buen tipo a través de vestirse como uno. Y muestra quizá como el “esnobismo” es una categoría traicionera, que a veces se posa disimuladamente sobre quienes la esgrimen contra otros.

Construyen una imagen de sí mismos tan arquetípica que es como si fueran a una casa de disfraces en el centro y dijeran “jefe, quiero vestirme como un tipo hippón y cool”. Y son fuertes ejecutores del mantenimiento de esa disciplina de vestuario, juzgando a la gente y encasillándola según usen tal o cual estilo de remeras, o según el barrio en el que vivan. No toman así nomás la ropa que la realidad les pone a la mano. No: construyen una vestimenta cuidadosamente. Con el mismo cuidado que un joven—para ellos “cheto”—de Palermo descuida cuidadosamente su pelo.

Conviene tener también, si la vamos a hacer completa, un desprecio por la ciencia y una admiración por la espiritualidad de cualquier conocimiento berreta como la astrología o la homeopatía. Espiritualidad es cualquier cosa que haga parecer innecesario todo eso que no estudiaron o no entendieron.

Hay que tener un montón de posiciones progres, muchas de las cuales están realmente buenas. Lo malo es que compran el paquete turístico entero, y también visitan entonces esas provincias improbables del pensamiento progresista facilongo. Se violentan si se pretende discutir cualquiera de sus posturas, no las pueden fundamentar por lo general. De hecho están complemtamente incapacitados para discutir con un “facho”, o siquiera con un tipo normal. Estos tipos, de clase media, dictaminan el error y la maldad de la misma clase a la que pertenecen.

Rechazan al verdaderamente excéntrico, o al verdaderamente libre. Antes de aprobar un acto loco de un desconocido, algo que no saben todavía como encuadrarlo, miran bien a los costados a ver qué dicen sus pares. Si no encuentran esa respuesta, por las dudas rechazan, se enojan. En algún
momento subsiguiente, para liberarse de la ofuscación, encienden sus auriculares que les hablan de libertad, y del coraje de ser independientes y abiertos.

La verdad y la discusión

Vos creés en algo, un par de ideas, a veces resumidas en consignas, a veces sublimadas en gustos artísticos.  Idealmente creés en eso porque, para vos, esa es la verdad.  Sí, bueno, hay algún componente arbitrario: en el fondo yacen algunos axiomas fundamentales, emocionales. Decisiones tomadas acerca de qué es justo y qué no, listas ordenadas de valores.  Pero sobre eso se articula un pensamiento que idealmente debe ser consistente, ordenado, a partir de esos principios.  Y en la superficie de tanto pensamiento, nadan algunas consignas. Y no creés en ellas porque sí, por la forma particular que tengan, sino porque, en el marco de los propios axiomas de valor, es la verdad.  Si no fuera la verdad, si vieras que la verdad fuera otra cosa, creerías en esa otra cosa.

Si tenés la verdad no te puede dar miedo perderla. Y por eso hay que animarse a discutir con cualquiera, en la calle, en un bar, en el colectivo. Hay que saber callar al otro con argumentos, ganar el ajedrez de las mutuas refutaciones.  El día que no puedas refutar al otro, tenés que sentarte a pensar, a analizar, preguntar a otros, y quizá cambiar de idea.

Básicamente es estar con la guardia baja en las discusiones, mirar a los ojos al otro y tratar de entenderlo, jugar con sus ideas. Si no funciona eso de la guardia baja, entonces es que no vale la pena seguir la discusión.

Y esta gimnasia te va a llevar a que cada idea que tengas la puedas fundamentar.  Uno no empieza pudiendo fundamentar todo, y quizá no se termine nunca, pero es un ideal.

Caminando por los debates así, con cuidado, pisando livianito, nos garantizamos solidez.  Mucho mejor que emprender defensas fuertes, que sabemos falsas pero efectivas en callar al otro.  Si nos mostramos completamente racionales en lo que pensamos, y nada de lo que decimos es por fanatismo, entonces estamos en una posición mucho más fuerte para debatir.

Algún programa de televisión que defiende a cierto gobierno, por poner un ejemplo, se beneficiaría si abriera más el juego, bajara más la guardia y fuera un poco más justo. Se puede tirar la pelota lejos, porque confiamos en quién tiene razón, y sabemos que va a volver, y si no.. no valía la pena.

Falsos mitos fundantes

Suponete que en universidades, congresos y otros lugares así de culturosos se empieza a descubirir, no sé, ponele, que San Martín era en verdad un maldito vendepatria. La idea cierra, aporta una pieza que faltaba a la historia argentina y marca incluso una línea que llega a la actualidad. Y llega definiendo cuestiones importantísimas, en las que, incluso después de todo el tiempo que pasó, se juega el bienestar de la mayoría. Tiene que ver con ciertas realidades en las que vinimos cayendo desde que la Argentina lleva ese nombre.

Pero la contradicción permanece dormida, a pesar de ser secreto a voces en el ámbito universitario, no la conoce ningún taxista.  San Martín sigue siendo vitoreado en las escuelas primarias, y hasta en las conversaciones de porteros vecinos manguera por medio.  Es una parte importantísima del ser nacional y su figura aparece casi siempre rodeada de los colores patrios.

Un día, un gobierno decide ponerse en contra de los que explotan y manipulan a su favor la cuestión ésta, en la que la posición de San Martín es fundamental. Pero lo hace mal, salta en el charco, salpica, grita. Se pone en contra de San Martín, perdón.. no, se pone en contra de la Patria. Es la Patria la que es atacada, el mito fundante.  Los que no llevan años de preparación en el cinismo sano que da la intelectualidad se horrorizan. Y como San Martín vive en el terreno de la identidad, del ser nacional, es en ese mismo terreno en que se construye la oposición al gobierno. Se vuelve una cuestión de identidad, de ser nacional, el oponerse. La gesta sanmartiniana inspira euforia, como aquella que vivó a los reconquistadores de Malvinas. Está en peligro la patria! ¡El ser nacional!

Bueno, nada, en verdad no pasó con San Martín todo eso. Pasó con el campo. El campo tiene una aureola indeleble, que viene de su auge a fines del siglo XIX, de la mano de los gobiernos liberalconservadores aristocráticos. Parece que es más fuerte como mito fundante eso de “granero del mundo” que cualquier recuerdo de libertades e igualdades soñado en 1810.  Pero es un recuerdo falso.  Si a la Argentina le fue bien no fue por el liberalismo, sino porque hacíamos juego con Inglaterra, que necesitaba lo que producíamos. El mundo cambió para siempre a partir de la década del 30, pero en la Argentina se mantuvo la idea de que el campo era la Patria, que la industria era una carga intrascendente, inviable económicamente.

¿Qué hubiera pasado si en vez de tener esos gobiernos liberales, que garantizaban que las oligarquías argentinas sean admiradas por sus lujos en París, hubiéramos tenido un gobierno al que le importe el desarrollo? Quizá con retenciones, para aprovechar esa bonanza y consruir un país, por ejemplo impulsar la industria incluso aunque económicamente en esa época no convenía tenerla. ¿Para qué? Si la proveían los ingleses… ¿Educar técnicos? ¿Para qué? Si vienen técnicos gringos que hacen todo.. ¿tecnificar el campo y aumentar la productividad? Naahh… Si tenemos tanta tierra… Los gobiernos liberales aseguraron, quizá, me parece, que desperdiciemos esa época mundial, época que no volverá. Ningún país se vuelve hoy desarrollado por su campo, y a los defensores del campo no les gustaría saber cuáles son esos países en los que lo agrario representa números gordos del PBI.

Pero la sociedad no sabe estas cuestiones, creé que fue el liberalismo el que causó la bonanza. Y creé, en un país gobernado casi siempre por la derecha, que fue el populismo/izquierdismo el que arruinó. Así que los Kirchner se metieron con un tema complicado en la psicologia del país, que en parte explica el duradero rechazo que cosechó.

¿Cómo se sale de ésta? No lo sé, supongo que educando, contando, charlando con los demás. El choque con el campo terminó, pero la creación de una identidad anti-K persiste, no se basa en algo racional. Hay que ser pacientes, mostrarles que se puede ser honesto, independiente y apoyar al gobierno. Creo que pasa más por eso, por bajar un poco el volumen y acercarnos que por pelear a los gritos el último escándalo del día.

El matrimonio gay ya existe

Sin ser abogado creo detectar un error que se repite en la concepción de “la ley” que tiene mucha gente. No es función de la ley, y más en temas como estos, mandar cómo debe ser la sociedad. Su función, me parece, es recoger lo que la sociedad ya es y pulirlo, y darle un marco para resguardarnos de lo imprevisto, para que dentro de esas relaciones humanas—que ya existen—aparezcan lo menos posible los abusos. Por ejemplo, algunos amigos se juntan para llevar adelante un negocio, y establecen más o menos cómo repartirse el dinero y cómo manejar la empresa. La legislación ya capturó algunas formas estándares de hacer esto, y las codificó en distintas formas legales, por ejemplo la “cooperativa”. El que estén codificados en la ley los roles, obligaciones y derechos protege a todos los que participan, y hace que el estado cumpla una función que le es principal: tener el monopolio en el ejercicio de la violencia, que implica entre otras cosas imponerse como intermediario en la mayor cantidad de conflictos entre individuos.

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