El sentido del cacerolazo

El 8 de noviembre pasado hubo una protesta de un importante sector de la clase media. A diferencia de otras protestas que son el resultado de una convocatoria orgánica, vinculada a un sujeto político claro con demandas conocidas, el cacerolazo parece ser un objeto más opaco organizado alrededor de algunas consignas y eslóganes. Más allá del (no demasiado útil) debate de si es organizado o espontáneo, sí se puede decir que es una protesta en la que el sentido individual es muy relevante. ¿Por qué fue cada uno? ¿Qué esperan con eso? Y es incorrecto decir que la gente no sabía para que estaba, que no le daba un sentido a esa protesta.

Para preguntar sobre este sentido fui al cacerolazo y generé (con la ayuda de @Smowing que me ayudó con la cámara) los siguientes testimonios:

Gran parte de la protesta estuvo formada por gente con alguna inconsistencia en sus ideas, que rechazan la política, que creen que no deben hacer política y que no la están haciendo incluso cuando están ahí en pleno cacerolazo. Entre testimonios que recogí se puede ver gente que exige poder no saber de qué se trata, exigen que “se les resuelvan los problemas”, o gente que no puede explicar con hechos ciertos por qué se opone a determinadas medidas, o que argumenta utilizando datos objetivamente falsos. Lo que queda es una base formada por una sensación de hastío frente a la percibida corrupción del gobierno, o a un auge de la criminalidad (descripta siempre como “inseguridad”).

En cuanto a los militantes políticos, y gente bien informada… ¿cómo se interpreta que no tengan problema en coexistir con ideas tan dispares y hasta opuestas?  ¿Son todos ciegos y tontos que no se dan cuenta de lo que hacen?  No.  Pareciera que tienen la esperanza de que la fuerza del cacerolazo sirva primero para derrumbar, o esmerilar, al kirchnerismo y (es importante la secuencia temporal) luego para que se impongan sus ideas.  Esperan que el caos producido genere alguna especie de caldo de cultivo del que pueda surgir algo, aunque ese algo no sea necesariamente lo que otros caceroleros quieren.  No, cada uno supone que se pude direccionar el resultado del proceso hacia sus propios sueños e ideales.

Vemos así una suerte de entrismo múltiple, desde todos lados, en el que diferentes sectores (y personas sueltas) esperan orientar y
capitalizar la marcha. Es así como, entonces, pudimos ver una columna de Biondini, la participación del MST, del extremismo libertario. O podemos encontrar a quien te habla de Julio López y de Monsanto, en una marcha en la que visiblemente hay muchos a quienes Echecolatz no les cae demasiado mal y hay defensores del campo sojero. Un entrismo ingenuo, torpe.

Un ejemplo de esta esperanza tonta de aprovechar la protesta la vemos en un foro nazi. Primero, en la discusión, alguien hace la siguiente evaluación pesimista sobre la marcha

Los organizadores son parte de la misma mierda. Hay 2 que son del PRO, y también vi una mina con un cartel que decía Macri y Bergman 2015 recién. Insisto en que los nacionalistas no les debería emocionar esto en lo absoluto, todos cantoreaban canciones como “Queremos verdadera democracia” “Fuera dictadura” y demás, estos que fueron al cacerolazo no nos representan.

¿Queremos democracia? Qué espanto… Sin embargo, alguien contesta (y luego todos concuerdan)

Bien, lo que suponíamos.

Pero bueno … mientras contribuya a la caída todo bien.

Después a esos giles los vamos a enjaular a todos, o los mandamos a laburar a Ushuaia.

Y uno de los que concuerdan precisa la idea:

Estoy de acuerdo. En otros tiempos los liberales usaron al nacionalismo para llegar al poder. Hoy es hora de que el nacionalismo se aproveche de ellos para lograr el final de los K y de toda la mierda partidocrática.

Este sector estuvo representado, por ejemplo en la presencia de Biondini con su partido.

Del otro lado, el partido MST encuentra que la protesta es de izquierda, y sube a Internet entrevistas prolijamente curadas para que lo sea, y un mensaje que denuncia “actores políticos oportunistas que intentan montarse”. El cacerolazo no deja de generar contradicciones.

Estos intentos, cuando no son formas de lograr alguna visibilidad, comparten una ingenuidad enorme: hay otros actores con mucha más fuerza que buscarán capitalizar la protesta, y cuyos objetivos son mucho menos sofisticados, mucho más concretos.

Cartel repartido por un grupo de 30 personas por la Av. Santa Fe

El actor más interesado en darle un sentido claro a la protesta es el grupo Clarín. Y acá ya no hablamos de sueños e ideales.  El grupo mediático está urgido por inminente desenlace de la trama alrededor del artículo 161. La Corte Suprema estableció que el 7 de diciembre deja de tener efecto la medida cautelar que evita que se apliquen los artículos de la ley que lo obligan a desinvertir. Es necesario que la protesta sea sobre “la justicia” y en reclamo de una “justicia independiente”. Para eso se repartieron carteles que decían “justicia independiente”. Casualmente, cuando Lanata quiso explicar el sentido de la protesta eligió hacer referencia a estos mismos carteles. Si hipotetizamos que fue el grupo Clarín el que, quizá indirectamente, los repartió, tenemos un gran ejemplo de como la manipulación cierra el círculo entre la opinión de “la gente” y los intereses de algunas corporaciones.

Esta “aparateada” continuará, Lanata hará ahora un programa sobre la “justicia independiente” y algunos están fogoneando un nuevo cacerolazo el 6 de diciembre. Algún observador perezoso puede creer que el cacerolero es automáticamnte un defensor de Clarín. No es así. Los testimonios que se recogen en la misma marcha lo desmienten. Son varios los que te dicen que ellos no apoyan a ningún monopolio, y hasta que la ley de medios es buena y se debería cumplir. Alguno recuerda que el mismo Lanata la defendía bien animadamente. Es un dato interesante para el kirchnerismo, que debe comprender que no le es útil demonizar al que protesta y, ciegamente, tacharlo como defensor de clarín (aunque sí se pueda argumentar que está siendo usado para esa defensa).

El grupo Clarín no tiene tiempo para esta diversidad y estas dudas de tibios. Necesita juntar y concentrar tropa bajo su defensa, por eso en las próximas semanas seguirá intentando establecer que el cacerolazo es suyo, que la defensa de Clarín es la defensa del último bastión de resistencia ante el avance de la dictadura, como ya nos lo explicaba Carrió: “¿No entendió todavía? Clarín es la última resistencia, es como un muro. Si cae Clarín, después caemos todos.” Las manos están arriba, vamos a ver qué carteles logran ponerles.

Diálogos del #8N

―Yo vine pidiendo reforma agraria, vos?
―Ah, no… sos re zurdo. Yo en contra de que se casen los putos.

―Jaja… ¡la vamos a sacar a la yegua!
―Sí, por no respetar la Constitución! Jajaja!
―Uhm, perá… un momento…

―Y a vos ¿quién te gusta?
―Scioli, que sé que es de los nuestros.
―¿Y por qué venís?
―Y… la inseguridá en el conurbano….

―Che, boludo.. acá en la plaza venden choris y coca… tengo hambre… ¿qué hacemos?
―Uhh.. perá, preguntemos en Facebook.. =(

―Boludo, era remera blanca y pantalón oscuro!
―Uhh… traje remera oscura y pantalón blanco… =(
―¡¡Nos querés dividir!!

―El gobierno se apropió de las banderas de las madres y las corrompió!
―Sí, y son zurdos terroristas y apresaron a héroes!

―Hay que matar a todos los políticos viejo!! ¿Eehh? ¿Qué me mirás fijo?
―Soy militante radical.

 

Cacerolazo y después

Vos escribís Indec con K. IndeK. Lo mirás, sonreís. Sos un groso. Pasa un segundo. Mirás de nuevo. “IndeK”, dice. ¿Y ahora? ¿Lo escribís de nuevo? Podés buscar un marcador más grueso. En cualquier caso el efecto se acabó, ya está. Y el mundo no cambió en nada.

En esta primer semana de junio que pasó hubo un par de “cacerolazos”, y vos fuiste. El del jueves 7 fue el más grande. Gritaste. Saltaste. Pegaste algunas trompadas al aire. Y ahora (la respiración crispada hace humito en el frío de la noche) caés en la vereda y te preguntás… ¿y ahora? Porque este cacerolazo fue claramente el clímax, el más grande que podemos hacer. Fue la cosecha fácil de los frutos que ya estaban en el suelo. Casi toda la gente que iría a un cacerolazo, estuvo. Pero miramos la foto y la foto, como la de Volver al Futuro, sigue ahí. Cristina sigue siendo presidente, y secundada por Boudou, y Randazzo y Kicillof y todos esos.

Por ahí pensabas que esto era como contra De La Rúa. Pensamiento mágico. Tirás ingredientes al cacerolazo de la poción, y en un puf de antipolítica el gobierno cae. Mala noticia: No va a pasar, De la Rúa no cayó por algunas cacerolas y que se te haya cruzado por la cabeza muestra una enorme incomprensión de la realidad.

Quizá el aprendizaje más duro que deba sufrir un cacerolero como vos es que la cosa va para largo. Que pueden hacer uno, tres, veinte cacerolazos. Que lo que hiciste esta semana fue casi (atajate ésta) política. Saliste a militar, perdón que te lo diga así. Y militar es para largo. Y sólo podrán hacer algo si se juntan, y convencen más gente, y arman algo hacia lo que guiarla. Y así, si se juntan, quizá descubren que no saben lo que quieren. O descubrís que lo que querés no es lo que quiere el skinhead que estaba en la plaza el otro día. Y entonces no, claro, no. Probablemente todo esto no pase. Y entonces, probablemente no pase nada.

Porque pegaste un salto con la cacerola, pero aterrizaste o en la política, o en ningún lugar.

Tres mitos de la clase media argentina

A continuación tres creencias surtidas que parecen ser comunes en el sentido común de tanto opinador que anda por ahí.

El estado no hace nada. No deberíamos pagar impuestos, porque todo impuesto va al agujero negro que es el estado. El estado es malo. Que un presidente quiera juntar más plata para la caja del estado es terrible, no se debe permitir. La plata de las jubilaciones, que maneja la Anses, debe quedar guardada en un sobre, dentro de un zapato, debajo de la cama. Y no prestarse a compradores de autos o lavarropas, y menos que menos financiar al estado, como era con las AFJP (bonos) o como es en otras partes del mundo. Porque el estado no hace nada. No mantiene quichicientas universidades que se caen a pedazos, ni alimenta a porcentajes de dos dígitos de argentinos con planes, ni maneja escuelas, ni tiene hospitales, ni rutas, ni policía. Todo impuesto iría al bolsillo de los presidentes, directo. Un par de casos de sobreprecios, alguno incluso real, lo prueban: no hay estado, sólo un gran bolsillo en un saco cruzado abierto.

(¿Cuántos de los que despotrican son honorables médicos o contadores… recibidos en la UBA?)

Ah… no ¿ese? ese hace clientelismo. Qué mal estos pobres que no aprenden a hacer cacerolazos en Santa Fe y Callao como corresponde, y canalizan sus demandas por oscuros personajes conurbanences, que los usan, los controlan, y los dirigen. Y todo lo que vemos de “los pobres” es eso, así que eso son y los pobres son siempre clientelismo y toda expresión política que logren tener es repudiable. No me importa que detrás de ese pedacito de iceberg haya una red de comedores, haya una lucha por un asentamiento, o por diversas conquistas lejanas en partidos del conurbano tan lejanos como países asiáticos. Y por qué no decirlo: La única razón que explicaría la existencia de pobres, es… el clientelismo. Y, desde ya, todo plan social es contrapartida de esto.

(¿Y cuántos evaden impuestos por más del valor de un plan “jefes y jefas”? ¿Cuántos “canalizaron sus demandas” sobornando a algún funcionario, policía o inspector?)

La sociedad argentina es la peor. Mala, no solidaria, individualista y traicionera. Y por eso el país no tiene futuro, y por eso no podríamos tener una buena empresa estatal, ni tener alguna vez líderes potables. Todos sabemos que somos malísimos…. y al mismo tiempo sabemos que en el exterior nos odian, por lo buenos que nos creemos que somos. Todo argentino lo sabe: somos un desastre, y somos los mejores. Al mismo tiempo. Y debe ser por tanta confusión que bombardeamos a los extranjeros preguntándoles “¿cómo nos ven? ¿cómo nos ven? ¿cómo nos ven?”.

(Quizá esto lo explique el que mientras que cada argentino cree que él es bueno, cree que sus conciudadanos son malos. A cada argentino le preguntamos: ¿Vos cómo sos? Y caaada uno responde “¿Yo? soy bueno, el problema es el resto”. Sin embargo, si preguntamos a un extranjero de visita, actual o pasada, qué piensa, en general, de los argentinos la respuesta es casi mayormente que están contentísimos de la amigabilidad, del buen trato, etc.)