No soy de derecha

¿Pero no apoyaste a los propietarios del campo?

Sí, pero yo estaba preocupado particularmente por los sojeros que tenían menos hectáreas. No soy de derecha.

Ah, pero… ¿no te alineaste con los empresarios que querían defender sus abusos de posición dominante en medios?

Bueno, pero es que era obvio que el gobierno quería avanzar sobre la libertad de expresión.

¿Y quién te lo dijo eso?

Los empresarios que se perjudicaban con la ley. Además, tienen derechos adquiridos: O sea que si ellos ya vienen controlando toda la comunicación en Argentina por un tiempo, tienen derecho a seguir haciéndolo.  ¿Entendés?  ¡Adquiridos!  Pero eso no quiere decir que no sea un progresista.  ¡No soy de derecha!

¿Pero no te oponés a los planes sociales?

¡Desde ya que sí! En la vida cada cual tiene lo que se merece. Si sos pobre es porque elegiste eso… Vivir de arriba, de los planes, de las ayudas… Ah… ¡cómo envidio a los que viven en la más absoluta miseria y desesperación! Pero ojo: yo banco al pobre honesto, ese que trabaja 12 horas sin quejarse, sin agua, sin salir de su taller clandestino o del campo de su patrón. Lo banco, eso es nobleza. Me pongo de su lado en no quejarse jamás y adoptar una vida más allá de lo material, plena de valores espirituales. No soy de derecha.

Pero si escuchás hablar de “derechos humanos” hacés una mueca…

Es que mucho derechos humanos pero.. ¿y nosotros? nos matan como a perros.  ¿Cómo alguien puede decir derechos humanos mientras exista por lo menos un muerto a manos de la delincuencia?  Son ellos o nosotros, y ellos no pensarán dos veces antes de perseguirnos, y acuchillarnos apenas nos ven.  Por eso hay que verlos primero, buscarlos donde estén y meterlos en cárceles.  Pero no para que la pasen bien..  ¡Por Dios!  Que sufran, porque para eso están en las cárceles!  Para que se les aplique una tortura continua y para que vivan en una constante arbitrariedad.  Eso les va a enseñar a querernos, a respetarnos.  O no, no importa.  Total lo importante es que no salgan nunca.  Los tenemos ahí, guardados, torturados, total se lo merecen porque la mayoría de ellos cometió un crimen.  Y si está por equivocación seguro al salir, como nadie le va a dar trabajo, lo va a cometer.  Entonces estuvo bien que haya estado preso, retroactivamente, porque quizás no se lo agarra de nuevo…  ¿entendés? Porque yo soy progresista, pero para ser progresista tengo que poder vivir seguro, protegido por, si es necesario, paramilitares armados… ¿entendés? Pero yo no soy de derecha.

No, che… tenés razón. Perdoná, me confundí.

Esa secta política

Esa secta política, sí.. esa. Son pocos, pero puros. Si bien le suelen hace el juego a los que ellos se dicen oponer, ellos juran que no, que rechazan sus ideas. Los partidarios de la secta basan su accionar político en una Utopía, en un modelo quizá inalcanzable. Son niños que descubrieron la inteligencia y la razón y, maravillados con ella, luchan casi por la belleza geométrica de su modelo. Pero claro, es abstracto y ese modelo, de aplicarse, debería ser internacional y ellos actúan ignorando las particularidades históricas y políticas de un país dependiente como el nuestro. En su visión abstracta el único poder con el que vale la pena luchar es el estado. Hay que hacerlo menos represor, reducirlo a otra cosa, a una forma más simple que sí sería compatible con la Utopía.

Si bien los jóvenes que caen en esta red creen estar haciendo política, pelean con fantasmas y casi uno podría decir que se están autoexcluyendo de la política. No del todo, claro, porque otros actores políticos saben, como en una especie de yudo, usar sus energías y acciones para otros fines.

Ah, no… no me refiero a los trotskistas, troscos, marxistas, etc. No, me refiero a los liberales “libertarios”, esos de grupetes libertarios como este, fanáticos hoy de Vargas Llosa, lectores de Ayn Rand. No son troscos, claro. Los troscos, en todo caso, quieren un mundo mejor para todos, un mundo de cuentos que quizá alguna vez pueda ser posible. Los liberales libertarios no hablan de “todos”, hablan de “uno”. Es el egoísmo extremo, la maldad, que finalmente encuentra una coartada con un armazón de “razón”. Y, obvio, en su filosofía ellos son buenos y puros. No importan los pobres, la miseria del mundo, no… importa esa pureza abstracta de la intangibilidad individual. No proponen con demasiada seriedad, ni les importa, que su Utopía vaya a acabar con la miseria y la pobreza. No, sólo prometen un mundo en el que los pobres no los toquen.

 

¿Sos K o anti K?

Cayó un rayo en la sociedad argentina y la dividió en dos. Hoy la gran pregunta es si sos K o si sos anti-K.

Cuando te subís al taxi ya lo empezás a calcular… ¿qué será el conductor? El gran indicio es la radio. Si escucha a Leuco es difícil que apoye al gobierno. Puede estar escuchando a Víctor Hugo, y uno se empieza a alegrar hasta que cambia de sintonía y te dice, con pretensión de complicidad, “a Víctor Hugo ya no se lo puede escuchar”.

Le dicen a uno que no, que no se puede estar tan polarizado, que hay matices, puntos intermedios. No es cierto. O sea, sí: hay matices, pero en última instancia todos sabemos que hoy sos K o anti-K. Uno puede dudar sobre ir al campo o a la montaña, pensar que el campo está bueno si se da tal o cual condición. Pero cuando estamos en el coche enfrente de la bifurcación se va para un lado o para el otro.

Hoy, las filiaciones políticas tradicionales parecen volverse secundarias, menos relevantes. Estas etiquetas son aproximaciones a qué decisión vamos a tomar cuando las papas quemen. Y hoy, como decía Barragán, las papas queman. La decisión que tomamos ahora tiene potestad de vetar eso que uno creía que era, porque no sos progresista si no querés democratizar los medios, o si querés garantizar la rentabilidad de la Sociedad Rural.

Prueba de que las filiaciones políticas tradicionales quedaron atrás es ver qué poco indicio nos dan acerca de dónde está parada esa persona ahora. ¿De qué lado del gran cisma habrá quedado Juan? ¿Será K o anti-K ese ex-compañero de trabajo? No importa si recordamos que ese tipo era progre, facho, radical o peronista. De repente lo reencontramos y nos sorprendemos: “¿Qué hacés en este acto a favor de la ley de medios? ¡Qué bueno!”.

¿Y por qué es obligatoria esta polarización? Porque es la realidad la que está polarizada, no la gente. Y nosotros no podemos evitar este clima. Pero… ¿por qué la realidad está así? La realidad está polarizada porque los extremistas anti-K decidieron, a los gritos, que todo el espacio intermedio es K. O sea que si vos sos, como yo, una persona que concuerda con muchas cosas, y con otras no, vas a recibir esos gritos. Sos eso, y tienen razón. Porque esos gritos que expulsaron a todos los que están masomenos en el medio también formatearon el espacio político. Sabbatella es K. Pino Solanas es anti-K (y es tratado como un infame traidor si se le ocurre apoyar alguna iniciativa K, como el proyecto por Papel Prensa).

Pero está bien que una persona “sea K”. Está bien tomar una postura y decir “estoy parado acá”. Incluso aunque haya un poco de barro. Incluso aunque todo fracase, porque, en ese caso (usual en la Argentina), cuando hayan pasado los años y hayan ganado los malos, yo quiero saber que estuve parado en el lugar correcto. Y no lamentarme de que fui parte de la masa informe e hipócrita que buscó preservar su lugarcito mental impoluto para poder siempre decir que la Argentina es una porquería porque los demás no son tan santos y puros como yo.

La verdad y la discusión

Vos creés en algo, un par de ideas, a veces resumidas en consignas, a veces sublimadas en gustos artísticos.  Idealmente creés en eso porque, para vos, esa es la verdad.  Sí, bueno, hay algún componente arbitrario: en el fondo yacen algunos axiomas fundamentales, emocionales. Decisiones tomadas acerca de qué es justo y qué no, listas ordenadas de valores.  Pero sobre eso se articula un pensamiento que idealmente debe ser consistente, ordenado, a partir de esos principios.  Y en la superficie de tanto pensamiento, nadan algunas consignas. Y no creés en ellas porque sí, por la forma particular que tengan, sino porque, en el marco de los propios axiomas de valor, es la verdad.  Si no fuera la verdad, si vieras que la verdad fuera otra cosa, creerías en esa otra cosa.

Si tenés la verdad no te puede dar miedo perderla. Y por eso hay que animarse a discutir con cualquiera, en la calle, en un bar, en el colectivo. Hay que saber callar al otro con argumentos, ganar el ajedrez de las mutuas refutaciones.  El día que no puedas refutar al otro, tenés que sentarte a pensar, a analizar, preguntar a otros, y quizá cambiar de idea.

Básicamente es estar con la guardia baja en las discusiones, mirar a los ojos al otro y tratar de entenderlo, jugar con sus ideas. Si no funciona eso de la guardia baja, entonces es que no vale la pena seguir la discusión.

Y esta gimnasia te va a llevar a que cada idea que tengas la puedas fundamentar.  Uno no empieza pudiendo fundamentar todo, y quizá no se termine nunca, pero es un ideal.

Caminando por los debates así, con cuidado, pisando livianito, nos garantizamos solidez.  Mucho mejor que emprender defensas fuertes, que sabemos falsas pero efectivas en callar al otro.  Si nos mostramos completamente racionales en lo que pensamos, y nada de lo que decimos es por fanatismo, entonces estamos en una posición mucho más fuerte para debatir.

Algún programa de televisión que defiende a cierto gobierno, por poner un ejemplo, se beneficiaría si abriera más el juego, bajara más la guardia y fuera un poco más justo. Se puede tirar la pelota lejos, porque confiamos en quién tiene razón, y sabemos que va a volver, y si no.. no valía la pena.

Falsos mitos fundantes

Suponete que en universidades, congresos y otros lugares así de culturosos se empieza a descubirir, no sé, ponele, que San Martín era en verdad un maldito vendepatria. La idea cierra, aporta una pieza que faltaba a la historia argentina y marca incluso una línea que llega a la actualidad. Y llega definiendo cuestiones importantísimas, en las que, incluso después de todo el tiempo que pasó, se juega el bienestar de la mayoría. Tiene que ver con ciertas realidades en las que vinimos cayendo desde que la Argentina lleva ese nombre.

Pero la contradicción permanece dormida, a pesar de ser secreto a voces en el ámbito universitario, no la conoce ningún taxista.  San Martín sigue siendo vitoreado en las escuelas primarias, y hasta en las conversaciones de porteros vecinos manguera por medio.  Es una parte importantísima del ser nacional y su figura aparece casi siempre rodeada de los colores patrios.

Un día, un gobierno decide ponerse en contra de los que explotan y manipulan a su favor la cuestión ésta, en la que la posición de San Martín es fundamental. Pero lo hace mal, salta en el charco, salpica, grita. Se pone en contra de San Martín, perdón.. no, se pone en contra de la Patria. Es la Patria la que es atacada, el mito fundante.  Los que no llevan años de preparación en el cinismo sano que da la intelectualidad se horrorizan. Y como San Martín vive en el terreno de la identidad, del ser nacional, es en ese mismo terreno en que se construye la oposición al gobierno. Se vuelve una cuestión de identidad, de ser nacional, el oponerse. La gesta sanmartiniana inspira euforia, como aquella que vivó a los reconquistadores de Malvinas. Está en peligro la patria! ¡El ser nacional!

Bueno, nada, en verdad no pasó con San Martín todo eso. Pasó con el campo. El campo tiene una aureola indeleble, que viene de su auge a fines del siglo XIX, de la mano de los gobiernos liberalconservadores aristocráticos. Parece que es más fuerte como mito fundante eso de “granero del mundo” que cualquier recuerdo de libertades e igualdades soñado en 1810.  Pero es un recuerdo falso.  Si a la Argentina le fue bien no fue por el liberalismo, sino porque hacíamos juego con Inglaterra, que necesitaba lo que producíamos. El mundo cambió para siempre a partir de la década del 30, pero en la Argentina se mantuvo la idea de que el campo era la Patria, que la industria era una carga intrascendente, inviable económicamente.

¿Qué hubiera pasado si en vez de tener esos gobiernos liberales, que garantizaban que las oligarquías argentinas sean admiradas por sus lujos en París, hubiéramos tenido un gobierno al que le importe el desarrollo? Quizá con retenciones, para aprovechar esa bonanza y consruir un país, por ejemplo impulsar la industria incluso aunque económicamente en esa época no convenía tenerla. ¿Para qué? Si la proveían los ingleses… ¿Educar técnicos? ¿Para qué? Si vienen técnicos gringos que hacen todo.. ¿tecnificar el campo y aumentar la productividad? Naahh… Si tenemos tanta tierra… Los gobiernos liberales aseguraron, quizá, me parece, que desperdiciemos esa época mundial, época que no volverá. Ningún país se vuelve hoy desarrollado por su campo, y a los defensores del campo no les gustaría saber cuáles son esos países en los que lo agrario representa números gordos del PBI.

Pero la sociedad no sabe estas cuestiones, creé que fue el liberalismo el que causó la bonanza. Y creé, en un país gobernado casi siempre por la derecha, que fue el populismo/izquierdismo el que arruinó. Así que los Kirchner se metieron con un tema complicado en la psicologia del país, que en parte explica el duradero rechazo que cosechó.

¿Cómo se sale de ésta? No lo sé, supongo que educando, contando, charlando con los demás. El choque con el campo terminó, pero la creación de una identidad anti-K persiste, no se basa en algo racional. Hay que ser pacientes, mostrarles que se puede ser honesto, independiente y apoyar al gobierno. Creo que pasa más por eso, por bajar un poco el volumen y acercarnos que por pelear a los gritos el último escándalo del día.

Pivoteando hacia la derecha

El gobierno de los kirchner se enorgullece de nunca reprimir piquetes, de no usar a la policía contra manifestantes de ningún tipo. La gente, de antikirchnerista nomás, deduce que como el gobierno siempre está equivocado, lo correcto debe ser arrasar y restablcer el orden. Y entonces lo que era un orgullo hace algunos años, aparece como una testarudez políticamente ineficaz.

El gobierno se enorgullece de instaurar la asignación por hijo, largamente pedida por varios. Y la gente aprende entonces que ser antikirchnerista implica pensar que eso es una barbaridad, que eso es darle plata a toda esa manga de acomodados privilegiados que son los pobres y los indigentes.

El gobierno fomenta la aprobación de una ley de medios fuertemente antimonopólica, y la gente pasa a defender y sostener a los monopolios afectados, una defensa que antes no hubieran asumido.

Ni que hablar de la apuesta del gobierno por los derechos humanos, porque eso también provoca el corrimiento hacia posturas y opiniones que hubieran sido impensables hace algunos años.

Y todo esto sucede porque el antikirchnerismo se convirtió en una opción visceral, irracional, alrededor de la cual las otras opiniones deberán acomodarse. Y así, la sociedad pivotea hacia la derecha.