Cacerolazo y después

Vos escribís Indec con K. IndeK. Lo mirás, sonreís. Sos un groso. Pasa un segundo. Mirás de nuevo. “IndeK”, dice. ¿Y ahora? ¿Lo escribís de nuevo? Podés buscar un marcador más grueso. En cualquier caso el efecto se acabó, ya está. Y el mundo no cambió en nada.

En esta primer semana de junio que pasó hubo un par de “cacerolazos”, y vos fuiste. El del jueves 7 fue el más grande. Gritaste. Saltaste. Pegaste algunas trompadas al aire. Y ahora (la respiración crispada hace humito en el frío de la noche) caés en la vereda y te preguntás… ¿y ahora? Porque este cacerolazo fue claramente el clímax, el más grande que podemos hacer. Fue la cosecha fácil de los frutos que ya estaban en el suelo. Casi toda la gente que iría a un cacerolazo, estuvo. Pero miramos la foto y la foto, como la de Volver al Futuro, sigue ahí. Cristina sigue siendo presidente, y secundada por Boudou, y Randazzo y Kicillof y todos esos.

Por ahí pensabas que esto era como contra De La Rúa. Pensamiento mágico. Tirás ingredientes al cacerolazo de la poción, y en un puf de antipolítica el gobierno cae. Mala noticia: No va a pasar, De la Rúa no cayó por algunas cacerolas y que se te haya cruzado por la cabeza muestra una enorme incomprensión de la realidad.

Quizá el aprendizaje más duro que deba sufrir un cacerolero como vos es que la cosa va para largo. Que pueden hacer uno, tres, veinte cacerolazos. Que lo que hiciste esta semana fue casi (atajate ésta) política. Saliste a militar, perdón que te lo diga así. Y militar es para largo. Y sólo podrán hacer algo si se juntan, y convencen más gente, y arman algo hacia lo que guiarla. Y así, si se juntan, quizá descubren que no saben lo que quieren. O descubrís que lo que querés no es lo que quiere el skinhead que estaba en la plaza el otro día. Y entonces no, claro, no. Probablemente todo esto no pase. Y entonces, probablemente no pase nada.

Porque pegaste un salto con la cacerola, pero aterrizaste o en la política, o en ningún lugar.