Para entender por qué se lo cuestiona a Abel Albino

¿De qué se lo acusa?

Abel Albino tiene una muy reconocida trayectoria ayudando a los más pobres. Muchos podemos coincidir en que su historia y entrega es admirable. Sin embargo recientemente se difundieron algunos detalles que nos dejan preocupados a muchos: Una concepción ultrarreligiosa de la desnutrición y de los problemas de la sociedad y, para muchos, perjudicial.

Abel Albino escribió pocos libros. Eso remarca aun más el hecho de que todo un libro suyo llamado “Gobernar es poblar”, que supuestamente habla de la desnutrición, sea un largo lamento por la baja moral y la sexualidad “desviada”. Albino cuenta en ese libro, publicado en 2010, que…

“toda solución verdadera [de la desnutrición] debe abocarse científicamente a revertir las desviaciones sexuales suscitadas por la falta de la educación, lo cual se hace presente especialmente en los sectores marginados en los que el ejercicio de la sexualidad, muy frecuentemente, se desarrolla de modo promiscuo y animal.”

No dejemos de de recordar que el doctor Albino está hablando de la desnutrición.

Albino dedica mucho de su libro a despotricar contra lo que él llama “placer sin responsabilidad”. Denuncia el uso de cualquier mecanismo anticonceptivo casi como un crimen. Albino explica: “lo que intento evitar es que se propaguen las repartijas gratuitas de anticonceptivos, las que además de constituir un desperdicio irresponsable e inútil del poco dinero con el que actualmente cuenta la salud pública, agravan los males sanitarios de los indigentes”. ¿Saben qué cosas agravan los males sanitarios? El SIDA, las ETS. Sin embargo Albino señala en su libro que el preservativo “fracasa como mínimo el 36% de los casos” (lo que es falso). Pero entonces ¿qué respuesta tiene Albino? Bueno… La castidad. Y para eso es necesario, explica, combatir las siguientes conductas (la lista es textual): Impudor, promiscuidad, pornografía, autoerotismo, incesto, sexo contra natura, violación, pedofilia, anticoncepción, aborto, infidelidad, concubinato. Y prescribe: “para vivir la castidad y contrarrestar el autoerotismo” lo siguiente: “Alimentarse moderadamente. Tener cuidado con lo desbordes en las bebidas. […] No escuchas música de alto decibeles”.

¿Se lo persigue por ser católico? ¿No estamos en democracia?

La mayoría de los líderes del país y muchos de los que lo cuestionan son también católicos. Ese es un tema privado. Nos preocupa lo que se hace en políticas públicas.

¡Pero X se muestra admirador del Papa y nadie dice nada! ¡Avisenle que el Papa debe pensar así!

La gran mayoría de los que admiran al Papa lo hace porque concuerdan con su preocupación por la pobreza, o se identifican con su estilo o espiritualidad. Esa admiración no implica coincidir con su moral sexual o pensar que se le debe encargar a la Iglesia el diseño de políticas públicas en salud y educación. ¿Cuántos de los que admiran al Papa al mismo tiempo utilizan métodos anticonceptivos?

Vos lo decís porque el político X se opone al político Y y Albino está ahora con X

Es un tema que debe ser discutido con independencia de las cuestiones políticas actuales. Exponer las ideas que mueven a Albino debería servir, también, para que los políticos piensen dos veces antes comprometerse con ideas tan obsoletas. Y además hay que tener claro que una cosa es tener relaciones cordiales con una fundación privada, y otra muy diferente es elevar lo que hace esa fundación al status de acción del Estado.
Se lo llama para luchar contra la desnutrición, no para otra cosa. ¿Qué importan sus ideas sobre el sexo?

El libro intenta abordar el problema de la desnutrición, pero lo que termina haciendo es divagar en un 70% de su extensión sobre sexo. El libro menciona varias veces a CONIN, su fundación, y explica que está hablando de la filosofía que se sigue en sus centros. Si estuviéramos hurgando en el pensamiento íntimo de un futuro candidato a presidente del BCRA, sería lógico levantarse indignado y quejarse de que eso no tiene nada que ver. Lo que alguien piense sobre qué es moral y qué no no tiene ninguna relevancia a la hora de ser presidente de un banco central. Sin embargo el texto de Albino es un plan para la acción en este tema, justo, de la desnutrición infantil.

Actualmente un candidato a presidente promete, si es elegido, crear para Albino un ente autárquico, darle fondos públicos y ponerlo así a trabajar en nombre del Estado. Con la filosofía que él quiera. ¿Cómo no ir a buscar qué escribió él para explicar esa filosofía?

¡Pero él va a luchar contra el hambre, y nada más!

Ya vimos todas estas ideas horribles de Albino él las aplica en el “cómo” de esa lucha. Y además, cuando alguien abre centros para luchar contra el hambre en sectores marginados de la sociedad está construyendo redes territoriales. Está creando una estructura de asistencia, de educación. Está creando un punto de referencia para todo un sector de la población. ¿Qué va a hacer Albino cuando se le acerque una mujer golpeada? ¿Le dirá que es su culpa por vivir en el pecado del concubinato? ¿Le hablará de su baja moral al usar anticonceptivos? ¿Qué consejos podrán darse a los jóvenes en centros como ese? Por cada plato de sopa… ¿cuánto daño que no vemos se producirá gracias a arbitrarias ideas religiosas impuestas con fondos públicos?

Si vamos a invertir en la lucha contra la desnutrición… ¿no nos conviene darle el dinero a alguien que no nos avise que su lucha pasa, en parte, por combatir contra la masturbación y el concubinato?

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Ateos y agnósticos

―¿Creés en Dios?

―Mmnno…

―Entonces… ¿sos ateo?

―¡No! ¡No me insultes! Soy agnóstico.

La palabra agnóstico vendría de gnosis, conocimiento, y querría decir que uno no sabe. Que uno no arriesga nada y se queda en una posición mas bien científica de no concluir nada sin pruebas, ni que sí, ni que no.

Sin embargo yo creo que la diferencia entre ateo y agnóstico parte de una mala epistemología, una que les conviene a los religiosos. Según los creyentes, es el no-religioso el que debe aportar pruebas de que Dios no existe. Y así el espacio de los no-creyentes quedaría dividido entre los que creen que hay pruebas y los que no. Sin embargo esto es falso. Son ellos los que tienen que aportar pruebas. Es imposible demostrar la inexistencia de algo, porque eso implicaría recorrer exhaustivamente un mundo de infinitas posibilidades y combinaciones. Y si bien uno encuentra numerosos indicios de que no hay una voluntad ordenadora en el mundo, es imposible demostrar que no hay un dios escondido en algún rincón, quizá con una lógica tan incomprensible para nosotros que su ordenamiento del mundo nos parece arbitrario.

La declaración de un ateo que dice que no cree en Dios tiene implícita, como casi toda proposición científica, un “hasta ahora”. Hasta ahora, hasta lo que sabemos, Dios no existe. Porque decimos que algo “no es” hasta que nos llegan pruebas. No nos ponemos a dudar si habrá una indemostrable tetera orbitando marte hasta que nos demuestran exhaustivamente que no. Un agnóstico entonces, les concede a los religiosos que es necesaria esta operación imposible de demostrar la inexistencia, pero tal cosa no existe. Y como no existe, tampoco existe la diferencia entre ateo y agnóstico.

En realidad, la palabra “agnóstico” viene a cumplir un rol psicológico. Es una manera de ser ateo esquivando una definición que suena tan mal. Pero en verdad es una falla en la autopercepción de lo que se cree. Los agnósticos son ateos, aunque lo nieguen.

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Nacionalismo argentino

Los nacionalistas se tragaron enteras varias metáforas. En algún momento a alguien se le ocurrió que una bandera era una buena metáfora del pueblo, de su cultura, felicidad e intereses, y esa persona, queriendo hablar de lo bueno y loco que era todo eso, dijo, para abreviar, que la bandera era sagrada. Luego los nacionalistas creyeron realmente que la bandera era sagrada, que estaba compuesta de fibras de algodón bendecidas, mágicas. Que habría que proteger la bandera, cuidarla, incluso a costa del pueblo, su cultura, felicidad e intereses. Y la patria pasó a ser una bolsa de objetos. Revolvemos y encontramos algún himno, la flor nacional, la bandera, etc.

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