Basta de sionismo

Basta de utilizar la palabra sionismo. Confunde más de lo que aporta. No tiene sentido, la palabra fue vaciada de él. Casi nadie de los que se acercan al fogón de la crítica a la situación de medio oriente sabe demasiado bien lo que significa. Y eso hace que se escuchen cosas complemente idiotas como “abajo el estado sionista de Israel”.

Sionismo sólo quiere decir estar a favor de la existencia de Israel. Sionismo es sólo el nombre que tiene el patriotismo de ese país. Es algo raro, porque el patriotismo de otros países no tiene nombre, se dice simplemente “patriotismo”. En Israel tuvo que ser diferente porque ese patriotismo precedió, por mucho, el establecimiento del estado. Sionismo era una palabra que tenía pleno sentido antes de la conformación de Israel, y que ahora cuelga de la realidad, medio en desuso, medio mal usada.

Y cuanto más seguimos profundizando en el significado real, más lejos está la palabra de describir lo que los que la usan creen que describe. El sionismo no fue un movimiento de derecha, de hecho tuvo mucho de izquierda y gran parte de la colonización fue hecha mediante el establecimiento de colonias socialistas (kibutz). Un segundo punto: El sionismo no fue tampoco un movimiento religioso, ni sus impulsores fueron judíos religiosos, hasta fueron… ateos! De hecho, los más ortodoxos respecto de las tradiciones judías rechazaron la idea de la existencia de Israel. Esa existencia estaba reservada para cuando llegara el “mesías”. Estos dos puntos desarman algunas de los usos más ignorantes de la palabra sionismo.

Si uno quiere criticar a Israel, lo puede hacer. Simplemente criticándolo, como se critica a cualquier país. Añadir la palabra “sionista” tiene el efecto de que lo que se está diciendo es que se está a favor de la destrucción de ese país. Es evidente para cualquiera que conozca un poco de la historia de los acontecimientos que la única solución es la coexistencia de dos estados, uno de mayoría árabe y otro de mayoría judía. Cualquier movimiento que impulse la destrucción de uno de estos dos estados, es portador de una postura de máxima, que sólo traerá más y más guerra. Muchos de los que revolean la palabra “sionista” no son conscientes de la consigna que están gritando.

Hundiendo más toda posibilidad de uso razonable de esta palabra en la crítica a Israel, los grupos antisemitas clásicos, como por ejemplo los neonazis, adoptaron completamente la palabra sionista. Uno de ellos, el desaparecido intento de partido de Alejandro Biondini, llegó al punto de hacer una operación de “búsqueda y reemplazo” automática a través de su propaganda racista cambiando solamente la palabra “judío” por “sionista”. Cualquiera lo puede verificar con un poco de tiempo usando el excelente sitio www.archive.org. Sionista, para estos grupos, es solamente un sinónimo de judío. Y esto se ve cuando repiten las mismas teorías polvorientas, pero ahora cambiadas (ej: “los medios del mundo en poder de los sionistas”).

Muchas de las críticas, legítimas, que se pueden hacer a Israel, se pueden hacer igual. El mismo contenido. Pero mejor usar palabras precisas, mejor usar  un bisturí certero y afilado, y no un cuchillo oxidado, manoseado, deforme, que no tenemos claro dónde corta y qué daña.

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Periodismo comprometido

Es interesante ver que la palabra comprometido permita dar dos significados diferentes y opuestos a la oración que titula este artículo. El obvio, el más directo, es el de un periodismo interesado en la política, en los fines, que se la juega, que se arriesga. El otro sentido, que en inglés es el único (sería “compromised journalism”) nos habla de un periodismo que ha sido, como sistema, intervenido desde otros intereses, un periodismo al que le ha sido violentada alguna línea de defensa que lo separaría, un poco, de los poderes fácticos.

Un eje para decidir quién pertenece a cuáles de estas divisiones es ver si reman a favor o en contra de esos poderes, lo que se suele traducir en la práctica en si lo hacen a favor o en contra de sus propios intereses materiales. Por ahí pasó también el eje en una de los últimos roces: Víctor Hugo no pudo soportar que le digan que ser un escriba al servicio de la oposición, en sintonía con Clarín y La Nación, es hoy “jugarse el pellejo”, es decir, ser un periodista comprometido (en el buen sentido). Cualquiera puede apreciar que no se puede comparar a un Luis Majul con un Víctor Hugo, el segundo goza, en situaciones naturales, de un mucho mayor prestigio. El que los mediocres vapuleen a los capaces desde situaciones de poder es propio de los regímenes en dónde un poder irresistible es el que elije, y no el mérito. En la película Persépolis se muestra esta inversión cuando el que antes era un ignorante don nadie que limpiaba las ventanas, les rechaza la posibilidad de salvar al abuelo mediante un viaje al exterior. En la Argentina vemos a lo mediocres ajusticiando y mandoneando a los honestos y capaces. Vemos a los periodistas reconocidos fracasar en sus proyectos, ser echados de sus espacios, ser desplazados, mientras los Majules y Hadad construyen productoras, canales, poder.

Se viene la aplicación de una nueva ley de medios. De tanto militar  por la sanción primero y por la aplicación después, nos acostumbramos a pensar a la nueva ley como una tierra prometida de la comunicación, en la que la democracia y la comunicación plural florecerán espontáneamente. Y hay que ver si es así… ¿podrá la nueva ley descomprometer y comprometer a los medios? ¿Podrá sanearse un poco el campo mediático y periodístico de modo de que le vaya moderadamente bien a los buenos y mal a los malos?

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Un tipo rebelde

Algunos creen que ser no convencional es usar un pantalón de franela que parece un pijama. O jactarse de un par de adicciones presentes o pasadas. Pavonean una abstracta independencia de algún nebuloso sistema global, del capitalismo, o de algún país lejano pero importante en las lejanas relaciones entre lejanos países e intereses. Claro que en lo cercano están completamente alineados a las costumbres de su entorno. Y fuman mansamente el tabaco de las multinacionales (rebeldía aprendida en publicidad de TV). Dicen sostener ideologías que te hablan de la universalidad del amor y la felicidad, mientras hacen favores a otros con tu plata y ejercen un reparto local de mezquindad y chusmerío. Hablan del amor libre y universal, mientras acosan a alguna señorita con aplomo de plomo.

No hablo de todos, no debe tomarse esto como un insulto de cualquiera que use un morral. Hablo de algunos que quizá sean una minoría, pero que siendo contraejemplo prueban la inexistencia de la posibilidad de forzar el ser un buen tipo a través de vestirse como uno. Y muestra quizá como el “esnobismo” es una categoría traicionera, que a veces se posa disimuladamente sobre quienes la esgrimen contra otros.

Construyen una imagen de sí mismos tan arquetípica que es como si fueran a una casa de disfraces en el centro y dijeran “jefe, quiero vestirme como un tipo hippón y cool”. Y son fuertes ejecutores del mantenimiento de esa disciplina de vestuario, juzgando a la gente y encasillándola según usen tal o cual estilo de remeras, o según el barrio en el que vivan. No toman así nomás la ropa que la realidad les pone a la mano. No: construyen una vestimenta cuidadosamente. Con el mismo cuidado que un joven—para ellos “cheto”—de Palermo descuida cuidadosamente su pelo.

Conviene tener también, si la vamos a hacer completa, un desprecio por la ciencia y una admiración por la espiritualidad de cualquier conocimiento berreta como la astrología o la homeopatía. Espiritualidad es cualquier cosa que haga parecer innecesario todo eso que no estudiaron o no entendieron.

Hay que tener un montón de posiciones progres, muchas de las cuales están realmente buenas. Lo malo es que compran el paquete turístico entero, y también visitan entonces esas provincias improbables del pensamiento progresista facilongo. Se violentan si se pretende discutir cualquiera de sus posturas, no las pueden fundamentar por lo general. De hecho están complemtamente incapacitados para discutir con un “facho”, o siquiera con un tipo normal. Estos tipos, de clase media, dictaminan el error y la maldad de la misma clase a la que pertenecen.

Rechazan al verdaderamente excéntrico, o al verdaderamente libre. Antes de aprobar un acto loco de un desconocido, algo que no saben todavía como encuadrarlo, miran bien a los costados a ver qué dicen sus pares. Si no encuentran esa respuesta, por las dudas rechazan, se enojan. En algún
momento subsiguiente, para liberarse de la ofuscación, encienden sus auriculares que les hablan de libertad, y del coraje de ser independientes y abiertos.

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Ateos y agnósticos

―¿Creés en Dios?

―Mmnno…

―Entonces… ¿sos ateo?

―¡No! ¡No me insultes! Soy agnóstico.

La palabra agnóstico vendría de gnosis, conocimiento, y querría decir que uno no sabe. Que uno no arriesga nada y se queda en una posición mas bien científica de no concluir nada sin pruebas, ni que sí, ni que no.

Sin embargo yo creo que la diferencia entre ateo y agnóstico parte de una mala epistemología, una que les conviene a los religiosos. Según los creyentes, es el no-religioso el que debe aportar pruebas de que Dios no existe. Y así el espacio de los no-creyentes quedaría dividido entre los que creen que hay pruebas y los que no. Sin embargo esto es falso. Son ellos los que tienen que aportar pruebas. Es imposible demostrar la inexistencia de algo, porque eso implicaría recorrer exhaustivamente un mundo de infinitas posibilidades y combinaciones. Y si bien uno encuentra numerosos indicios de que no hay una voluntad ordenadora en el mundo, es imposible demostrar que no hay un dios escondido en algún rincón, quizá con una lógica tan incomprensible para nosotros que su ordenamiento del mundo nos parece arbitrario.

La declaración de un ateo que dice que no cree en Dios tiene implícita, como casi toda proposición científica, un “hasta ahora”. Hasta ahora, hasta lo que sabemos, Dios no existe. Porque decimos que algo “no es” hasta que nos llegan pruebas. No nos ponemos a dudar si habrá una indemostrable tetera orbitando marte hasta que nos demuestran exhaustivamente que no. Un agnóstico entonces, les concede a los religiosos que es necesaria esta operación imposible de demostrar la inexistencia, pero tal cosa no existe. Y como no existe, tampoco existe la diferencia entre ateo y agnóstico.

En realidad, la palabra “agnóstico” viene a cumplir un rol psicológico. Es una manera de ser ateo esquivando una definición que suena tan mal. Pero en verdad es una falla en la autopercepción de lo que se cree. Los agnósticos son ateos, aunque lo nieguen.

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Después del kirchnerismo

¿Qué pasará cuando un nuevo gobierno reemplace al actual? Si bien hay un clima hoy de que la política está cambiada, lo cierto es que las cosas siempre terminan volviendo más o menos a su curso. De la misma manera que después del 2001 no cambiaron demasiado las caras. Las cosas se van a recomponer, cuando se deshaga la deformación que impone la polarización irracional actual.

Un cuerpo muy masivo, con la gravedad que genera a su alrededor, de alguna manera tuerce y deforma el espacio circundante. En la política actual este cuerpo no es un atractor, sino un gran repulsor. Esta repulsión gravitatoria empuja a políticos a posiciones que, en la práctica, terminan siendo no consistentes ni con lo que normalmente harían, ni con sus historias políticas. Desaparecido el kirchnerismo es de esperar que muchos actores sean más progresistas, más de izquierda, de lo que parecen hoy. Todo esto, claro está, no se aplica a la verdadera derecha. Esa que no necesita de un Kirchner para serlo. Un Macri, un De Narváez.

Desaparecido el kirchnerismo, el tomar la inciativa para deshacer las cosas que el gobierno hizo va a cobrar otro significado. Una ley correctora de la “ley de medios” será claramente una “ley Clarín”, y habrá que ver si al imperio comunicacional le sigue dando el cuero para contener un frente mucho más disperso, y no unificado por la repulsión anti-K. Las AFJP no volverán, como mucho puede aparecer un sistema cartón pintado de “y estos son tus aportes”, sin mucho efecto real. Si no logra hegemonía la verdadera derecha, Aerolíneas no se va a reprivatizar, ni se eliminará el ingreso universal. En este mantenimiento de lo conseguido ayudará la importante presencia de izquierda (A y B).

Lo que sí se modificó en la política es, quizá, la aparición de un espacio fuerte que hoy representa Kirchner, pero que en un futuro tendrá otros líderes. Un gobierno “republicano y federal” va a dar el marco para que se amiguen algunos espacios hoy enfrentados. No hay diferencias de fondo, por ejempo, entre los seguidores de Pino y los del gobierno. Hay un enfrentamiento que quizá sea más de personalidades, de piel, que de fondo. El ego de Pino, al no poder rebotar más contra el ego del gobierno, será menos obstructivo, quizá. Los diputados “residuales” del FpV (bah, los que realmente, de corazón, pertenezcan al espacio), los ex concertados radicales K, proyecto Sur, etc. es posible que se sumen a un solo bloque.

Y quizá en cuatro años de gobierno no-K se pueda reconfigurar el espacio alrededor de una figura que claramente no pueda ser relacionada con el kirchnerismo, alguien que pueda retomar lo bueno sin heredar la mala leche.

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La verdad y la discusión

Vos creés en algo, un par de ideas, a veces resumidas en consignas, a veces sublimadas en gustos artísticos.  Idealmente creés en eso porque, para vos, esa es la verdad.  Sí, bueno, hay algún componente arbitrario: en el fondo yacen algunos axiomas fundamentales, emocionales. Decisiones tomadas acerca de qué es justo y qué no, listas ordenadas de valores.  Pero sobre eso se articula un pensamiento que idealmente debe ser consistente, ordenado, a partir de esos principios.  Y en la superficie de tanto pensamiento, nadan algunas consignas. Y no creés en ellas porque sí, por la forma particular que tengan, sino porque, en el marco de los propios axiomas de valor, es la verdad.  Si no fuera la verdad, si vieras que la verdad fuera otra cosa, creerías en esa otra cosa.

Si tenés la verdad no te puede dar miedo perderla. Y por eso hay que animarse a discutir con cualquiera, en la calle, en un bar, en el colectivo. Hay que saber callar al otro con argumentos, ganar el ajedrez de las mutuas refutaciones.  El día que no puedas refutar al otro, tenés que sentarte a pensar, a analizar, preguntar a otros, y quizá cambiar de idea.

Básicamente es estar con la guardia baja en las discusiones, mirar a los ojos al otro y tratar de entenderlo, jugar con sus ideas. Si no funciona eso de la guardia baja, entonces es que no vale la pena seguir la discusión.

Y esta gimnasia te va a llevar a que cada idea que tengas la puedas fundamentar.  Uno no empieza pudiendo fundamentar todo, y quizá no se termine nunca, pero es un ideal.

Caminando por los debates así, con cuidado, pisando livianito, nos garantizamos solidez.  Mucho mejor que emprender defensas fuertes, que sabemos falsas pero efectivas en callar al otro.  Si nos mostramos completamente racionales en lo que pensamos, y nada de lo que decimos es por fanatismo, entonces estamos en una posición mucho más fuerte para debatir.

Algún programa de televisión que defiende a cierto gobierno, por poner un ejemplo, se beneficiaría si abriera más el juego, bajara más la guardia y fuera un poco más justo. Se puede tirar la pelota lejos, porque confiamos en quién tiene razón, y sabemos que va a volver, y si no.. no valía la pena.

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Falsos mitos fundantes

Suponete que en universidades, congresos y otros lugares así de culturosos se empieza a descubirir, no sé, ponele, que San Martín era en verdad un maldito vendepatria. La idea cierra, aporta una pieza que faltaba a la historia argentina y marca incluso una línea que llega a la actualidad. Y llega definiendo cuestiones importantísimas, en las que, incluso después de todo el tiempo que pasó, se juega el bienestar de la mayoría. Tiene que ver con ciertas realidades en las que vinimos cayendo desde que la Argentina lleva ese nombre.

Pero la contradicción permanece dormida, a pesar de ser secreto a voces en el ámbito universitario, no la conoce ningún taxista.  San Martín sigue siendo vitoreado en las escuelas primarias, y hasta en las conversaciones de porteros vecinos manguera por medio.  Es una parte importantísima del ser nacional y su figura aparece casi siempre rodeada de los colores patrios.

Un día, un gobierno decide ponerse en contra de los que explotan y manipulan a su favor la cuestión ésta, en la que la posición de San Martín es fundamental. Pero lo hace mal, salta en el charco, salpica, grita. Se pone en contra de San Martín, perdón.. no, se pone en contra de la Patria. Es la Patria la que es atacada, el mito fundante.  Los que no llevan años de preparación en el cinismo sano que da la intelectualidad se horrorizan. Y como San Martín vive en el terreno de la identidad, del ser nacional, es en ese mismo terreno en que se construye la oposición al gobierno. Se vuelve una cuestión de identidad, de ser nacional, el oponerse. La gesta sanmartiniana inspira euforia, como aquella que vivó a los reconquistadores de Malvinas. Está en peligro la patria! ¡El ser nacional!

Bueno, nada, en verdad no pasó con San Martín todo eso. Pasó con el campo. El campo tiene una aureola indeleble, que viene de su auge a fines del siglo XIX, de la mano de los gobiernos liberalconservadores aristocráticos. Parece que es más fuerte como mito fundante eso de “granero del mundo” que cualquier recuerdo de libertades e igualdades soñado en 1810.  Pero es un recuerdo falso.  Si a la Argentina le fue bien no fue por el liberalismo, sino porque hacíamos juego con Inglaterra, que necesitaba lo que producíamos. El mundo cambió para siempre a partir de la década del 30, pero en la Argentina se mantuvo la idea de que el campo era la Patria, que la industria era una carga intrascendente, inviable económicamente.

¿Qué hubiera pasado si en vez de tener esos gobiernos liberales, que garantizaban que las oligarquías argentinas sean admiradas por sus lujos en París, hubiéramos tenido un gobierno al que le importe el desarrollo? Quizá con retenciones, para aprovechar esa bonanza y consruir un país, por ejemplo impulsar la industria incluso aunque económicamente en esa época no convenía tenerla. ¿Para qué? Si la proveían los ingleses… ¿Educar técnicos? ¿Para qué? Si vienen técnicos gringos que hacen todo.. ¿tecnificar el campo y aumentar la productividad? Naahh… Si tenemos tanta tierra… Los gobiernos liberales aseguraron, quizá, me parece, que desperdiciemos esa época mundial, época que no volverá. Ningún país se vuelve hoy desarrollado por su campo, y a los defensores del campo no les gustaría saber cuáles son esos países en los que lo agrario representa números gordos del PBI.

Pero la sociedad no sabe estas cuestiones, creé que fue el liberalismo el que causó la bonanza. Y creé, en un país gobernado casi siempre por la derecha, que fue el populismo/izquierdismo el que arruinó. Así que los Kirchner se metieron con un tema complicado en la psicologia del país, que en parte explica el duradero rechazo que cosechó.

¿Cómo se sale de ésta? No lo sé, supongo que educando, contando, charlando con los demás. El choque con el campo terminó, pero la creación de una identidad anti-K persiste, no se basa en algo racional. Hay que ser pacientes, mostrarles que se puede ser honesto, independiente y apoyar al gobierno. Creo que pasa más por eso, por bajar un poco el volumen y acercarnos que por pelear a los gritos el último escándalo del día.

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Figura y modelo

¿Cómo explicarle a la gente que el kirchnerismo es más que Kirchner? ¿Cómo convertir el kirchnerismo en un espacio? Cómo introducir la idea de que existe una “variante nac & pop” (por ponerle un nombre, aunque yo no sea peronista) de la política que puede ser lo mejor para el país.

Seguir leyendo “Figura y modelo”…

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Pivoteando hacia la derecha

El gobierno de los kirchner se enorgullece de nunca reprimir piquetes, de no usar a la policía contra manifestantes de ningún tipo. La gente, de antikirchnerista nomás, deduce que como el gobierno siempre está equivocado, lo correcto debe ser arrasar y restablcer el orden. Y entonces lo que era un orgullo hace algunos años, aparece como una testarudez políticamente ineficaz.

El gobierno se enorgullece de instaurar la asignación por hijo, largamente pedida por varios. Y la gente aprende entonces que ser antikirchnerista implica pensar que eso es una barbaridad, que eso es darle plata a toda esa manga de acomodados privilegiados que son los pobres y los indigentes.

El gobierno fomenta la aprobación de una ley de medios fuertemente antimonopólica, y la gente pasa a defender y sostener a los monopolios afectados, una defensa que antes no hubieran asumido.

Ni que hablar de la apuesta del gobierno por los derechos humanos, porque eso también provoca el corrimiento hacia posturas y opiniones que hubieran sido impensables hace algunos años.

Y todo esto sucede porque el antikirchnerismo se convirtió en una opción visceral, irracional, alrededor de la cual las otras opiniones deberán acomodarse. Y así, la sociedad pivotea hacia la derecha.

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Decime qué pensás y te diré tu político

Presento por este medio un juguete político de mi autoría que te dice cuáles son tus candidatos, basado en esas posturas que dividen aguas, tales como la ley de medios, el matrimonio gay, el uso de “mano dura” como respuesta al crimen, etc.

La página que hice es: Decime qué pensás y te diré tu político.

No tiene (¿todavía?) la sensibilidad suficiente para distinguir entre algunos políticos, y sobre otros está el problema de que no se sabe bien qué piensa, y por eso el programa tiende a ofrecerlos como compatibles todo el tiempo.

No se ve del todo bien en Explorer 6. Seguro, seguro anda bien en Firefox 3.5. Se agradece me avisen si se ve mal en algún lado.

Si les gusta dejenme algún comentario y/o pásenlo por ahí. Y lo que se dice siempre: Se aceptan sugerencias.

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