Esa secta política

Esa secta política, sí.. esa. Son pocos, pero puros. Si bien le suelen hace el juego a los que ellos se dicen oponer, ellos juran que no, que rechazan sus ideas. Los partidarios de la secta basan su accionar político en una Utopía, en un modelo quizá inalcanzable. Son niños que descubrieron la inteligencia y la razón y, maravillados con ella, luchan casi por la belleza geométrica de su modelo. Pero claro, es abstracto y ese modelo, de aplicarse, debería ser internacional y ellos actúan ignorando las particularidades históricas y políticas de un país dependiente como el nuestro. En su visión abstracta el único poder con el que vale la pena luchar es el estado. Hay que hacerlo menos represor, reducirlo a otra cosa, a una forma más simple que sí sería compatible con la Utopía.

Si bien los jóvenes que caen en esta red creen estar haciendo política, pelean con fantasmas y casi uno podría decir que se están autoexcluyendo de la política. No del todo, claro, porque otros actores políticos saben, como en una especie de yudo, usar sus energías y acciones para otros fines.

Ah, no… no me refiero a los trotskistas, troscos, marxistas, etc. No, me refiero a los liberales “libertarios”, esos de grupetes libertarios como este, fanáticos hoy de Vargas Llosa, lectores de Ayn Rand. No son troscos, claro. Los troscos, en todo caso, quieren un mundo mejor para todos, un mundo de cuentos que quizá alguna vez pueda ser posible. Los liberales libertarios no hablan de “todos”, hablan de “uno”. Es el egoísmo extremo, la maldad, que finalmente encuentra una coartada con un armazón de “razón”. Y, obvio, en su filosofía ellos son buenos y puros. No importan los pobres, la miseria del mundo, no… importa esa pureza abstracta de la intangibilidad individual. No proponen con demasiada seriedad, ni les importa, que su Utopía vaya a acabar con la miseria y la pobreza. No, sólo prometen un mundo en el que los pobres no los toquen.

 

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¿Sos K o anti K?

Cayó un rayo en la sociedad argentina y la dividió en dos. Hoy la gran pregunta es si sos K o si sos anti-K.

Cuando te subís al taxi ya lo empezás a calcular… ¿qué será el conductor? El gran indicio es la radio. Si escucha a Leuco es difícil que apoye al gobierno. Puede estar escuchando a Víctor Hugo, y uno se empieza a alegrar hasta que cambia de sintonía y te dice, con pretensión de complicidad, “a Víctor Hugo ya no se lo puede escuchar”.

Le dicen a uno que no, que no se puede estar tan polarizado, que hay matices, puntos intermedios. No es cierto. O sea, sí: hay matices, pero en última instancia todos sabemos que hoy sos K o anti-K. Uno puede dudar sobre ir al campo o a la montaña, pensar que el campo está bueno si se da tal o cual condición. Pero cuando estamos en el coche enfrente de la bifurcación se va para un lado o para el otro.

Hoy, las filiaciones políticas tradicionales parecen volverse secundarias, menos relevantes. Estas etiquetas son aproximaciones a qué decisión vamos a tomar cuando las papas quemen. Y hoy, como decía Barragán, las papas queman. La decisión que tomamos ahora tiene potestad de vetar eso que uno creía que era, porque no sos progresista si no querés democratizar los medios, o si querés garantizar la rentabilidad de la Sociedad Rural.

Prueba de que las filiaciones políticas tradicionales quedaron atrás es ver qué poco indicio nos dan acerca de dónde está parada esa persona ahora. ¿De qué lado del gran cisma habrá quedado Juan? ¿Será K o anti-K ese ex-compañero de trabajo? No importa si recordamos que ese tipo era progre, facho, radical o peronista. De repente lo reencontramos y nos sorprendemos: “¿Qué hacés en este acto a favor de la ley de medios? ¡Qué bueno!”.

¿Y por qué es obligatoria esta polarización? Porque es la realidad la que está polarizada, no la gente. Y nosotros no podemos evitar este clima. Pero… ¿por qué la realidad está así? La realidad está polarizada porque los extremistas anti-K decidieron, a los gritos, que todo el espacio intermedio es K. O sea que si vos sos, como yo, una persona que concuerda con muchas cosas, y con otras no, vas a recibir esos gritos. Sos eso, y tienen razón. Porque esos gritos que expulsaron a todos los que están masomenos en el medio también formatearon el espacio político. Sabbatella es K. Pino Solanas es anti-K (y es tratado como un infame traidor si se le ocurre apoyar alguna iniciativa K, como el proyecto por Papel Prensa).

Pero está bien que una persona “sea K”. Está bien tomar una postura y decir “estoy parado acá”. Incluso aunque haya un poco de barro. Incluso aunque todo fracase, porque, en ese caso (usual en la Argentina), cuando hayan pasado los años y hayan ganado los malos, yo quiero saber que estuve parado en el lugar correcto. Y no lamentarme de que fui parte de la masa informe e hipócrita que buscó preservar su lugarcito mental impoluto para poder siempre decir que la Argentina es una porquería porque los demás no son tan santos y puros como yo.

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Pensamientos sobre la aprobación del matrimonio gay

ACTUALIZACIÓN: En otro artículo desarrollo que, a pesar de que el matrimonio gay parezca no existir en un país el matrimonio gay ya existe. Ahí reflexiono de forma más genérica sobre el tema.

Algunos pensamientos surtidos respecto de la aprobación de la ley que modifica el matrimonio civil y lo extiende a toda la población más allá de su orientación sexual. No sé si valen la pena, pero los escribo, queseyó. Acá van:

No parece que haya habido demasiada militancia gay detrás de esta ley, más allá de los que suelen participar activamente en las organizaciones.  Digo esto porque creo que… ¡se debería haber podido juntar mucha más gente!  Me parece impensable que haya gente que pertenezca a la comunidad gay y haya ignorado por completo el tema., o que no hayan ido a las marchas.  ¿Cómo serán los lazos entre la dirigencia de esta comunidad y “sus bases”?  ¿Deberán hacer acciones de difusión entre ellos para promover la política de la lucha por derechos?

Está claro que había que ir por la opción de máxima: el matrimonio con todos los derechos.  A la reacción le gusta jugar con arcos móviles: si parecían encolumnados detrás de la unión civil, era solamente porque servía como señuelo para bloquear la ley.  Si se hubiera luchado por la unión civil no hubiera habido menos oposición.  El verdadero objetivo es detener todo cambio: en donde hay educación religiosa obligatoria indignarse de que se la remueva, pero en donde sólo hay escuelas religiosas voluntarias, indignarse de la injerencia del estado en planes de estudio.  En cada lugar y tiempo la posición de la Iglesia se ajusta como un guante al grado de progreso de la sociedad.  Una deducción de esto es que no da resultados consensuar con ellos.

El gran perdedor es el cardenal Bergoglio. El presidente de la Conferencia Episcopal, es decir, de la Iglesia argentina tenía cierta aura de moderado, de cura de bordes redondeados.  Sus propias declaraciones, la violenta oposición a esta ley, su alineamiento al discurso más reaccionario deja su nombre manchado.  Tanto que incluso senadores que votaron en contra de la igualdad de derechos buscaron despegarse del religioso.

También creo que la marcha de los “naranjitas” organizada por la Iglesia, no fue un éxito.  Si pensamos que esa marcha fue el máximo esfuerzo de toda la estructura de la Iglesia, si pensamos que es la culminación de una guerra santa, no podemos calificar de éxito el haber juntado algunas pocas decenas de miles.  Creo que en otros tiempos si la Iglesia ponía, como pasó, toda su estructura, sus escuelas, universidades, organizaciones, al servicio de crear una convocatoria multitudinaria, convocaba mucha más gente.  Es una impresión.

No hubo espacio de discutir realmente la norma y de tranquilamente pensar exhaustivamente las consecuencias (que deberán ser tratadas en sucesivas leyes).  Esto es por la tremenda polarización que hubo, que hace más sensato hacer todo lo posible para hacer entrar la ley (que es lo difícil) y dejar las correcciones para después. Lo mismo pasó cuando se trató la ley de medios. Cuando uno avanza bajo una lluvia de cascotazos mejor apurar el paso y llegar a un techito como sea.

El Frente para la Victoria, que uno querría ver apoyando en bloque la ley, mostró en cambio algunos senadores de posturas impresentables.  Esto demuestra que no hay que denostar tanto a la identidad “progresista”.  El kirchnerismo es un progresismo que nada en una pecera de peronismo, y estas circunstancias descubrimos que se colaron varios peronistas no progresistas.  Creo que esto muestra que es necesaria una identidad realmente progresista, como sí la tiene el partido de Sabbatella, que parece ser más kirchnerista que el FpV.

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Ya vencimos al kirchnerismo

Ya hace 2 años que vencimos al matrimonio tirano y ya estamos en pleno proceso de recuperación de la república y de las instituciones.  Claro que le pedimos a la población que colabore con el esfuerzo de recuperar al país.  El ajuste de shock que se hizo para contener el gasto público, está dando sus primeros frutos: ya es muy poca la ocupación de hoteles en la costa durante los veranos y los comerciantes se ven obligados a mantener los precios en valores bajos ante la falta de clientes.  La demanda de alimentos bajó, por lo que los precios de los alimentos también resultaron contenidos.  Gracias a dios una familia promedio hoy consume menos leche y pan que durante el período nefasto de los K.

La inversiones comienzan a regresar, al notar que hoy la Argentina es un lugar en donde el capital vuelve a ser un ciudadano de primera, con todos sus derechos protegidos.  El grupo Clarín, flamante propietario de Telefonicom se dispone a invertir millones en las nuevas redes de televisión digital, que distribuirán los contenidos exclusivos a sus suscriptores pagos.  El poderoso grupo, que enorgullece a la patria con su poder, fue conformado luego de la absorción de la parte argentina de Telefónica por Telecom, y de la posterior compra por parte del grupo liderado por el Sr.  Héctor Magnetto).

La ley de medios K es sólo un recuerdo, y la televisión que produce, maneja y distribuye el grupo Clarín-Telefonicom ofrece una señal de calidad, exactamente igual a todos los pueblos del país, sin discriminación por culturas locales, o preferencias de cantantes regionales.  Todos pueden ahora acceder a la programación completa generada en los estudios capitalinos, en una demostración de verdadero federalismo. La desaparición de algunas decenas de productoras de capital y de las provincias se espera sea compensada con la generación de varios puestos de trabajo en un par de megaprogramas con mucha agua, moretones y Marley.

Aprendimos nuestro rol como país, asumimos el rol que nos corresponde (como debe hacer cualquier nación seria).  No nos merecemos comer lomo, ni varios otros cortes selectos que deben exportarse.  Las industrias que habían renacido durante el kirchnerismo asumieron su inviabilidad, y están en proceso de reconvertirse en simpatiquísimos microemprendimientos, entre los que podemos destacar remiserías VIP y unidades de reciclamiento de productos de celulosa.  Si bien esas industrias empleaban a la mayor parte del país, no podía continuar el uso de la descamación, de las limaduras de la renta extraordinaria de la soja para financiarlas.

Y se acabó el palabrerío. Están en marcha las nuevas políticas activas de seguridad, según las cuales intervenimos en la dinámica interactiva posesión-desposesión, logrando multitud de adjetivos abstractos tales como seguridad y previsibilidad, con un bajísimo número mensual de masacres y, lamentables, accidentes.

Y aquí estamos como país. Hicimos lo que nos pide la gente, lo que nos pide el mundo, y esperamos ya que volvemos a ser dignos de merecer.  Esperamos que las inversiones externas se vean seducidas por nuestra sensual seguridad jurídica y nos tomen, inviertan hasta desbordar la copa de la abundancia que para que de ésta caiga la riqueza a los más necesitados. Y así, unidos y en consenso, podamos reinsertarnos en el mundo.

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Basta de “sionismo”

Basta de utilizar la palabra sionismo. Confunde más de lo que aporta. No tiene sentido, la palabra fue vaciada de él. Casi nadie de los que se acercan al fogón de la crítica a la situación de medio oriente sabe demasiado bien lo que significa. Y eso hace que se escuchen cosas complemente idiotas como “abajo el estado sionista de Israel”.

Sionismo sólo quiere decir estar a favor de la existencia de Israel. Sionismo es sólo el nombre que tiene el patriotismo de ese país. Es algo raro, porque el patriotismo de otros países no tiene nombre, se dice simplemente “patriotismo”. En Israel tuvo que ser diferente porque ese patriotismo precedió, por mucho, el establecimiento del estado. Sionismo era una palabra que tenía pleno sentido antes de la conformación de Israel, y que ahora cuelga de la realidad, medio en desuso, medio mal usada.

Y cuanto más seguimos profundizando en el significado real, más lejos está la palabra de describir lo que los que la usan creen que describe. El sionismo no fue un movimiento de derecha, de hecho tuvo mucho de izquierda y gran parte de la colonización fue hecha mediante el establecimiento de colonias socialistas (kibutz). Un segundo punto: El sionismo no fue tampoco un movimiento religioso, ni sus impulsores fueron judíos religiosos, hasta fueron… ateos! De hecho, los más ortodoxos respecto de las tradiciones judías rechazaron la idea de la existencia de Israel. Esa existencia estaba reservada para cuando llegara el “mesías”. Estos dos puntos desarman algunas de los usos más ignorantes de la palabra sionismo.

Si uno quiere criticar a Israel, lo puede hacer. Simplemente criticándolo, como se critica a cualquier país. Añadir la palabra “sionista” tiene el efecto de que lo que se está diciendo es que se está a favor de la destrucción de ese país. Es evidente para cualquiera que conozca un poco de la historia de los acontecimientos que la única solución es la coexistencia de dos estados, uno de mayoría árabe y otro de mayoría judía. Cualquier movimiento que impulse la destrucción de uno de estos dos estados, es portador de una postura de máxima, que sólo traerá más y más guerra. Muchos de los que revolean la palabra “sionista” no son conscientes de la consigna que están gritando.

Hundiendo más toda posibilidad de uso razonable de esta palabra en la crítica a Israel, los grupos antisemitas clásicos, como por ejemplo los neonazis, adoptaron completamente la palabra sionista. Uno de ellos, el desaparecido intento de partido de Alejandro Biondini, llegó al punto de hacer una operación de “búsqueda y reemplazo” automática a través de su propaganda racista cambiando solamente la palabra “judío” por “sionista”. Cualquiera lo puede verificar con un poco de tiempo usando el excelente sitio www.archive.org. Sionista, para estos grupos, es solamente un sinónimo de judío. Y esto se ve cuando repiten las mismas teorías polvorientas, pero ahora cambiadas (ej: “los medios del mundo en poder de los sionistas”).

Muchas de las críticas, legítimas, que se pueden hacer a Israel, se pueden hacer igual. El mismo contenido. Pero mejor usar palabras precisas, mejor usar  un bisturí certero y afilado, y no un cuchillo oxidado, manoseado, deforme, que no tenemos claro dónde corta y qué daña.

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Periodismo comprometido

Es interesante ver que la palabra comprometido permita dar dos significados diferentes y opuestos a la oración que titula este artículo. El obvio, el más directo, es el de un periodismo interesado en la política, en los fines, que se la juega, que se arriesga. El otro sentido, que en inglés es el único (sería “compromised journalism”) nos habla de un periodismo que ha sido, como sistema, intervenido desde otros intereses, un periodismo al que le ha sido violentada alguna línea de defensa que lo separaría, un poco, de los poderes fácticos.

Un eje para decidir quién pertenece a cuáles de estas divisiones es ver si reman a favor o en contra de esos poderes, lo que se suele traducir en la práctica en si lo hacen a favor o en contra de sus propios intereses materiales. Por ahí pasó también el eje en una de los últimos roces: Víctor Hugo no pudo soportar que le digan que ser un escriba al servicio de la oposición, en sintonía con Clarín y La Nación, es hoy “jugarse el pellejo”, es decir, ser un periodista comprometido (en el buen sentido). Cualquiera puede apreciar que no se puede comparar a un Luis Majul con un Víctor Hugo, el segundo goza, en situaciones naturales, de un mucho mayor prestigio. El que los mediocres vapuleen a los capaces desde situaciones de poder es propio de los regímenes en dónde un poder irresistible es el que elije, y no el mérito. En la película Persépolis se muestra esta inversión cuando el que antes era un ignorante don nadie que limpiaba las ventanas, les rechaza la posibilidad de salvar al abuelo mediante un viaje al exterior. En la Argentina vemos a lo mediocres ajusticiando y mandoneando a los honestos y capaces. Vemos a los periodistas reconocidos fracasar en sus proyectos, ser echados de sus espacios, ser desplazados, mientras los Majules y Hadad construyen productoras, canales, poder.

Se viene la aplicación de una nueva ley de medios. De tanto militar  por la sanción primero y por la aplicación después, nos acostumbramos a pensar a la nueva ley como una tierra prometida de la comunicación, en la que la democracia y la comunicación plural florecerán espontáneamente. Y hay que ver si es así… ¿podrá la nueva ley descomprometer y comprometer a los medios? ¿Podrá sanearse un poco el campo mediático y periodístico de modo de que le vaya moderadamente bien a los buenos y mal a los malos?

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Un tipo rebelde

Algunos creen que ser no convencional es usar un pantalón de franela que parece un pijama. O jactarse de un par de adicciones presentes o pasadas. Pavonean una abstracta independencia de algún nebuloso sistema global, del capitalismo, o de algún país lejano pero importante en las lejanas relaciones entre lejanos países e intereses. Claro que en lo cercano están completamente alineados a las costumbres de su entorno. Y fuman mansamente el tabaco de las multinacionales (rebeldía aprendida en publicidad de TV). Dicen sostener ideologías que te hablan de la universalidad del amor y la felicidad, mientras hacen favores a otros con tu plata y ejercen un reparto local de mezquindad y chusmerío. Hablan del amor libre y universal, mientras acosan a alguna señorita con aplomo de plomo.

No hablo de todos, no debe tomarse esto como un insulto de cualquiera que use un morral. Hablo de algunos que quizá sean una minoría, pero que siendo contraejemplo prueban la inexistencia de la posibilidad de forzar el ser un buen tipo a través de vestirse como uno. Y muestra quizá como el “esnobismo” es una categoría traicionera, que a veces se posa disimuladamente sobre quienes la esgrimen contra otros.

Construyen una imagen de sí mismos tan arquetípica que es como si fueran a una casa de disfraces en el centro y dijeran “jefe, quiero vestirme como un tipo hippón y cool”. Y son fuertes ejecutores del mantenimiento de esa disciplina de vestuario, juzgando a la gente y encasillándola según usen tal o cual estilo de remeras, o según el barrio en el que vivan. No toman así nomás la ropa que la realidad les pone a la mano. No: construyen una vestimenta cuidadosamente. Con el mismo cuidado que un joven—para ellos “cheto”—de Palermo descuida cuidadosamente su pelo.

Conviene tener también, si la vamos a hacer completa, un desprecio por la ciencia y una admiración por la espiritualidad de cualquier conocimiento berreta como la astrología o la homeopatía. Espiritualidad es cualquier cosa que haga parecer innecesario todo eso que no estudiaron o no entendieron.

Hay que tener un montón de posiciones progres, muchas de las cuales están realmente buenas. Lo malo es que compran el paquete turístico entero, y también visitan entonces esas provincias improbables del pensamiento progresista facilongo. Se violentan si se pretende discutir cualquiera de sus posturas, no las pueden fundamentar por lo general. De hecho están complemtamente incapacitados para discutir con un “facho”, o siquiera con un tipo normal. Estos tipos, de clase media, dictaminan el error y la maldad de la misma clase a la que pertenecen.

Rechazan al verdaderamente excéntrico, o al verdaderamente libre. Antes de aprobar un acto loco de un desconocido, algo que no saben todavía como encuadrarlo, miran bien a los costados a ver qué dicen sus pares. Si no encuentran esa respuesta, por las dudas rechazan, se enojan. En algún
momento subsiguiente, para liberarse de la ofuscación, encienden sus auriculares que les hablan de libertad, y del coraje de ser independientes y abiertos.

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Ateos y agnósticos

―¿Creés en Dios?

―Mmnno…

―Entonces… ¿sos ateo?

―¡No! ¡No me insultes! Soy agnóstico.

La palabra agnóstico vendría de gnosis, conocimiento, y querría decir que uno no sabe. Que uno no arriesga nada y se queda en una posición mas bien científica de no concluir nada sin pruebas, ni que sí, ni que no.

Sin embargo yo creo que la diferencia entre ateo y agnóstico parte de una mala epistemología, una que les conviene a los religiosos. Según los creyentes, es el no-religioso el que debe aportar pruebas de que Dios no existe. Y así el espacio de los no-creyentes quedaría dividido entre los que creen que hay pruebas y los que no. Sin embargo esto es falso. Son ellos los que tienen que aportar pruebas. Es imposible demostrar la inexistencia de algo, porque eso implicaría recorrer exhaustivamente un mundo de infinitas posibilidades y combinaciones. Y si bien uno encuentra numerosos indicios de que no hay una voluntad ordenadora en el mundo, es imposible demostrar que no hay un dios escondido en algún rincón, quizá con una lógica tan incomprensible para nosotros que su ordenamiento del mundo nos parece arbitrario.

La declaración de un ateo que dice que no cree en Dios tiene implícita, como casi toda proposición científica, un “hasta ahora”. Hasta ahora, hasta lo que sabemos, Dios no existe. Porque decimos que algo “no es” hasta que nos llegan pruebas. No nos ponemos a dudar si habrá una indemostrable tetera orbitando marte hasta que nos demuestran exhaustivamente que no. Un agnóstico entonces, les concede a los religiosos que es necesaria esta operación imposible de demostrar la inexistencia, pero tal cosa no existe. Y como no existe, tampoco existe la diferencia entre ateo y agnóstico.

En realidad, la palabra “agnóstico” viene a cumplir un rol psicológico. Es una manera de ser ateo esquivando una definición que suena tan mal. Pero en verdad es una falla en la autopercepción de lo que se cree. Los agnósticos son ateos, aunque lo nieguen.

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Después del kirchnerismo

¿Qué pasará cuando un nuevo gobierno reemplace al actual? Si bien hay un clima hoy de que la política está cambiada, lo cierto es que las cosas siempre terminan volviendo más o menos a su curso. De la misma manera que después del 2001 no cambiaron demasiado las caras. Las cosas se van a recomponer, cuando se deshaga la deformación que impone la polarización irracional actual.

Un cuerpo muy masivo, con la gravedad que genera a su alrededor, de alguna manera tuerce y deforma el espacio circundante. En la política actual este cuerpo no es un atractor, sino un gran repulsor. Esta repulsión gravitatoria empuja a políticos a posiciones que, en la práctica, terminan siendo no consistentes ni con lo que normalmente harían, ni con sus historias políticas. Desaparecido el kirchnerismo es de esperar que muchos actores sean más progresistas, más de izquierda, de lo que parecen hoy. Todo esto, claro está, no se aplica a la verdadera derecha. Esa que no necesita de un Kirchner para serlo. Un Macri, un De Narváez.

Desaparecido el kirchnerismo, el tomar la inciativa para deshacer las cosas que el gobierno hizo va a cobrar otro significado. Una ley correctora de la “ley de medios” será claramente una “ley Clarín”, y habrá que ver si al imperio comunicacional le sigue dando el cuero para contener un frente mucho más disperso, y no unificado por la repulsión anti-K. Las AFJP no volverán, como mucho puede aparecer un sistema cartón pintado de “y estos son tus aportes”, sin mucho efecto real. Si no logra hegemonía la verdadera derecha, Aerolíneas no se va a reprivatizar, ni se eliminará el ingreso universal. En este mantenimiento de lo conseguido ayudará la importante presencia de izquierda (A y B).

Lo que sí se modificó en la política es, quizá, la aparición de un espacio fuerte que hoy representa Kirchner, pero que en un futuro tendrá otros líderes. Un gobierno “republicano y federal” va a dar el marco para que se amiguen algunos espacios hoy enfrentados. No hay diferencias de fondo, por ejempo, entre los seguidores de Pino y los del gobierno. Hay un enfrentamiento que quizá sea más de personalidades, de piel, que de fondo. El ego de Pino, al no poder rebotar más contra el ego del gobierno, será menos obstructivo, quizá. Los diputados “residuales” del FpV (bah, los que realmente, de corazón, pertenezcan al espacio), los ex concertados radicales K, proyecto Sur, etc. es posible que se sumen a un solo bloque.

Y quizá en cuatro años de gobierno no-K se pueda reconfigurar el espacio alrededor de una figura que claramente no pueda ser relacionada con el kirchnerismo, alguien que pueda retomar lo bueno sin heredar la mala leche.

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